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zapata

en dialecto suahili, “monólogo” quiere decir “palabra de mono” o “de primate”, que equivale a “palabra de gorila”, es decir, “palabra de militar”.

el patio sin mí es una sed transeúnte, un anillo sin dedo…

Uno extraña, digamos, las canciones, las obras de arte, las pinturas…
pero nunca el fastidio de lo previsible. color rojo, manos en alto, slogan repetidos hasta el cansancio.
la estética de lo balurdo, pues

publicado vía blackberry.

martin heidegger

En el año 1934, días después de su renuncia a la polémica rectoría en la Universidad de Friburgo, Martin Heidegger publica este texto en un diario de provincias. Alejado del mundanal ruido en su choza al sur de Selva Negra, a donde fue a visitarlo en su oportunidad el poeta de Fuga de la muerte, el filósofo decidió mantenerse en bajo perfil desde entonces, saliendo ocasionalmente de su cabaña para ocupar varias cátedras de filosofía en diversas universidades alemanas.

Heidegger es, sin lugar a dudas, uno de los filósofos más influyentes de la modernidad poética occidental. El “segundo Heidegger”, el paciente y etimológico escribidor que se despliega luego de su intento de crítica al pensamiento metafísico en Ser y tiempo, atrajo y aún atrae sigilosamente a todos aquellos que buscaron y buscan los necesarios y esplendentes pasadizos entre la poesía y la filosofía. Uno de ellos, Paul Celan, bebió hasta el fondo de la copa heideggeriana, sintiéndose tal vez culpable, segundos antes de lanzarse en aquel puente parisino, de esta pasión por el pensamiento de  quien había estado, desde el punto de vista político, sospechosamente cercano a  los asesinos de sus padres. La muerte es un maestro de Alemania,  escribe Celan, quien dejó para siempre sus impresiones acerca de la breve visita que le hizo al maestro en su casa en Todtnauberg, que así titula el poema:

Árnica, alegría de los ojos, el
trago del pozo con el
dado de estrellas encima,

en la cabaña

escrita
en el libro
-¿qué nombres anotó
antes del mío?-
en este libro
la línea de
una esperanza, hoy,
en una palabra que adviene
de alguien que piensa,
en el corazón,

brañas del bosque, sin allanar,
satirión y satirión, en solitario,

crudeza, más tarde, de camino,
evidente,

el que nos conduce, el hombre,
que lo oye también,

las sendas
de garrotes a medio
pisar, en la turbera alta,
mojado, mucho.
*

Heidegger es, entre otras cosas, un hijo cultural de la República de Weimar, que cantó en tono contrapastoral (según el término de Raymond Williams y Marshall Berman) el ascenso de la democracia luego de la caída del káiser Guillermo II. Apartado del duro y exigente  ambiente de la cultura de masas tan característica de la modernidad alemana, escribió Carta sobre el humanismo (1946) y La pregunta por la técnica (1953). ¿Por qué permanecemos en provincia? se inscribe en esta dinámica crítica acerca de la modernidad. Este aliento contrapastoral, supongo, es el que más ha atraído a los poetas de la tradición occidental. Expulsados del paraíso y de la república, los poetas cantan al paraíso perdido, y a su país extraviado. Grandes fragmentos de la modernidad poética occidental está atravesada por la misma sensación.

El texto lo hemos tomado de la página web Heidegger en castellano, que vuelve a aparecer luego de un prolongado y forzoso silencio, debido a una trifulca con editores argentinos por problemas de derechos de autor. Sirva esta nota como saludo a esta iniciativa de Horacio Potel.

* Paul Celan. Obras completas, traducción de José Luis Reina Palazón, Madrid, Trotta, 1999, pp. 321-322.

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VERSOS QUE FALTAN EN UNA CANCIÓN DE SERRAT

Bienaventurados los que se enamoran
porque aún creen que existe una forma de salvación.
Bienaventurados los mártires
que se entregan a la muerte pensando que les recordaremos.

Bienaventurados.

Bienaventurada la geografía
que nos miente un lugar bajo este cielo.
Bienaventurados los vicios de humedad
porque fuimos útero y queremos regresar.

Bienaventurados los mendigos de la calle
pues no tienen cuentas que rendirle a nadie.
Bienaventuradas la despensa y la nevera
que son capaces de cobijar a los amigos.

Bienaventurados Platón y Aristóteles
pues aún se disputan las formas de mirar el mundo.
Bienaventurados los músicos del joropo central
porque cuidan la clara resonancia del barroco.

Bienaventurados.

Bienaventurado el sauce, que no ofrece resistencias.
Bienaventurado el almendrón del patio de mi infancia
pues aún me espera con paciencia silenciosa.

Bienaventurados.

Bienaventurado el relámpago y la lluvia
que pueda tener su destino en algún pueblo en el centro de África.
Bienaventurado el poema que me espera
pues quizá pueda yo estar a su altura.

Bienaventurada la poesía de este lado del Atlántico,
pues no tiene tradición que la ate a un diccionario.
Bienaventurados los funcionarios de la literatura
porque de ellos es el reino de la tierra.

Bienaventurados los que creyeron en Lacan como en la Biblia,
pues tienen una vida tan miserable como la mía.

Bienaventurado el Barrio Gótico de Barcelona
que me vio contar monedas de pobreza en sus estrechas calles.

Bienaventurados mis dos hijos,
porque tendrán mucho para hablar mal de mí cuando sean grandes.

Bienaventurados.

Bienaventurados mis amigos,
que me soportan a pesar de mí

hannah arendt

Friedrich Welsch[*]

¿Amenaza totalitaria hoy?

En marzo de 2006, en el contexto de las reacciones a la publicación de ca­ricaturas del Profeta Mahoma por un periódico regional danés, una do­cena de intelectuales, entre ellos el escritor británico-hindú Salman Rushdie y el filósofo francés Bernard-Henri Levy, firmaron una declaración ti­tulada Juntos contra el nuevo totalitarismo, que se publicó en el semanario sa­tírico francés “Charlie Hebdo” y se conoce como “Manifiesto de los doce”. El manifiesto comienza diciendo:

Vencidos el fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo enfrenta una nueva amenaza totalitaria a escala global, a saber, el islamismo. Nosotros, es­critores, periodistas e intelectuales, hacemos un llamado a la resistencia contra el totalitarismo religioso y por la promoción de la libertad, igualdad de oportuni­dades y el laicismo. … Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre del miedo y la frustración, sentimientos a los que apuestan los predicadores del odio para lograr que sus batallones impongan un mundo negador de la libertad e igualdad. Pero nosotros insistimos con claridad en que nada, ni siquiera la des­esperación, justifica el embrutecimiento de las masas, el totalitarismo y el odio.

Este manifiesto invita a hacer algunas reflexiones (v. Misk, 2006):

- El término “totalitarismo” no debería ser devaluado a etiqueta de lucha política, como ocurre en la cita anterior, sino reservarse como categoría analítica del estudio de los regímenes políticos. En su clásica obra Los orígenes del to­talitarismo, Hannah Arendt sostiene la misma posición aconsejando el uso cuidadoso y prudente del concepto pues Si es cierto que en las fases culminan­tes del totalitarismo aparece el mal absoluto -absoluto porque ya no puede ser de­rivado de motivaciones humanamente comprensibles- entonces también es cierto que sin él no habríamos conocido nunca la naturaleza auténticamente radical del Mal. (Arendt, 1951: xxvii, trad. F.W.). Espero contribuir al uso cuidadoso y pru­dente del concepto del totalitarismo con estas reflexiones.

- Los doce escritores e intelectuales firmantes primarios del manifiesto -muchos más se han sumado desde su publicación- tienden a diluir la dife­rencia entre régimen totalitario y movimiento totalitario que establece Hannah Arendt (1951: 432, trad. F.W.): Ni el nacionalsocialismo ni el bolchevismo jamás proclamaron una forma de gobierno ni afirmaron que con la captura del poder y el control de la maquinaria del Estado habían alcanzado sus metasLa captura del poder… en cualquier país es sólo una fase transitoria… simplemente no existe ninguna meta política que constituiría el fin del movimiento. Identificar gené­ricamente al islamismo como régimen totalitario no es aceptable porque no todos los gobernantes islamistas sujetan a sus respectivas sociedades a la domi­nación total característica del totalitarismo. Pero las manifestaciones más radi­cales, fundamentalistas y dogmáticas del islamismo comparten con los movimientos totalitarios del siglo pasado su odio contra el modernismo liberal y los valores occidentales en general, sus inclinaciones terroristas, su antisemi­tismo, su culto de la muerte y su teleología de un Apocalipsis purificador que engendraría al hombre y mundo nuevos (Bennan, 2004).

- Hannah Arendt identifica la ideología y el terror nazi como esencia del totali­tarismo: Las ideologías son opiniones inocuas, acríticas y arbitrarias sólo mientras no se cree seriamente en ellas. Una vez que su reclamo di validez total es aceptado en forma literal, se convierten en núcleos de sistemas lógicos en los que. al igual que en los sistemas de paranoicos, todo se sigue de manera comprensible e incluso com­pulsiva cuando se haya aceptado su primera premisa. La locura de estos sistemas no radica solamente en su primera premisa, sino en la misma lógica con que están cons­truidos. La curiosa lógica de todos los ismos, su simplista confianza en el valor sal­vador de la devoción obstinada sin tener en cuenta factores específicos y variables, ya contiene los gérmenes del desdén totalitario por la realidad y facticidad. (1951:589s., trad. F.W.). Forma parte de la naturaleza de políticas ideológicas -y no se trata simplemente de un engaño en función del interés propio o afán de poder- que el contenido real de la ideología (la clase obrera o los pueblos germáni­cos que generó originalmente la “idea” (la lucha de clases como ley de la historia o la lucha de razas como ley de la naturaleza) es devorada por la lógica con que la “idea” se pone en práctica. (1951:608s., trad. F.W.). El terror total, la esencia del gobierno totalitario, no existe ni a favor ni en con­tra de la gente. Se supone que provee a las fuerzas de la naturaleza o historia un ins­trumento incomparable para acelerar su movimiento. (1951: 600s., trad. F.W.).

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LA MUERTE DE SÓCRATES

Y llegó un día en que Cirene, el jardín y la perla de la Tierra, desapareció.

El derrumbe del mundo continúa sus cantos tristes de sirena desvalida y sin océanos. Apenas unos días atrás, cuando no quedó más remedio que atender los padecimientos de Sócrates, el coronel Aureliano Buendía dispuso llevárselo hasta la clínica, casi a la fuerza. Son cerca de las once de una de esas mañanas blancas, espesas y empalagosas, tan redundantes al comienzo del verano en estos tristes trópicos. El sol frío se detiene sobre la copa de los árboles, reclinados contra el cerro. Los araguaneyes y los bucares humedecen el piso con sus flores y un olor a jobo, a melaza y a tierra recién llovida estremece de sepias el paisaje. Años atrás, donde ahora el asfalto corona sus dominios, aún podían verse cacaotales que embrujaban con su arcoíris a los honrados paseantes de las orillas del Anauco. El príncipe ni se enteraba ya de esos detalles. Venía respirando con dificultad, aunque estuviese recostado cómodamente en el asiento del copiloto. El color de su piel era ceniciento, haciendo una grotesca combinación con el río de su abundante cabellera ya marchita y ajada por el tiempo. La amistad de Sócrates con el coronel sobrevivió a los malos tiempos. Se había forjado a la luz de las discusiones y los tragos donde lo importante no era Platón, si no la verdad. Buendía aprovecha para comentarle a Sócrates acerca de las andanzas de la hija de Platón, dedicada ahora a la mendicidad en las calles de esta nueva Varsovia en que se ha convertido el barrio, sobreviviendo al escarnio de los mercaderes y comerciantes. Como su padre gasta la mesada que le corresponde en el ejercicio de seducir a su amante, suele pedir limosnas entre barriles de basura y ramas de árboles caídas sobre las aceras, con las manos extendidas como un sauce. Luego de recoger las migajas que le arriman sus vecinos, ni siquiera se demora un instante para dar las gracias. Entonces lanza un manotazo al aire y se aleja en busca de refugio.

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Mi abuela decia:
- Habría que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera ¿Qué es un general desnudo?

Y tenía razón. Y tenía derecho a hablar de esto, porque estuvo casada con un coronel que era realmente un hombre valiente.
Solamente le tenia miedo a los pendejos.

Un día le pregunté por qué y me dijo:

- Porque son muchos.  No hay forma de cubrir semejante frente. ¡Y por temprano que te levantes, adonde vayas, ya está lleno de pendejos! Y son peligrosos porque, al ser mayoría, eligen hasta al presidente.

Y los hay de toda categoría.

Por ejemplo, está el pendejo informático, que es un pendejo computado.
El pendejo burócrata, que es oficialmente pendejo.
El pendejo optimista, que cree que no es pendejo.
El pendejo pesimista, que cree que él es el único pendejo.
El pendejo esférico, que es pendejo por todos lados.
El pendejo fosforescente, porque hasta de noche se ve que por allá viene un pendejo.

El pendejo de referencia:
-¿Dónde está Alberto?
- Allá, al lado del pendejo de la chaqueta gris.

El pendejo consciente, que sabe que es pendejo.
El pendejo de sangre azul, que es hijo y nieto de pendejos.
Y el más peligroso de todos: el pendejo demagogo, que cree que el pueblo es pendejo…

zelaya

embudo

Definición de germanófilo
Jorge Luis Borges. Revista «El Hogar». 13 de diciembre, 1940.

Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Shopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor «germanófilo» apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

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