
Quizás sea la primera en su tipo.
Una protesta mundial organizada por internet.
Los jóvenes se unen para llamar a una movilización en contra de las FARC.
Cosas de los tiempos posmodernos.
¿Cómo pueden los regímenes autoritarios (de cualquier signo, de derecha o de izquierdas) detener esto?
El gran problema de la revolución del socialismo del siglo XXI es exactamente ése: proponer una respuesta premoderna en pleno apogeo de internet, de los satélites y de la telefonía celular.
Esta cotradicción resulta insuperable en términos productivos a favor del autoritarismo. A menos, claro, que se cumpla el gran sueño de Corea del Norte: aislar a los ciudadanos del mundo, crear una realidad que se teja sobre la realidad real centímetro a centímetro. Acabar con los logros de la posmodernidad en términos comunicacionales.
En Corea del Norte y en Cuba lo lograron porque ya estaban instalados en el poder.
Pero el socialismo de siglo XXI, el populismo posmoderno latinoamericano, no tiene cómo. Si ni siquiera pueden evitar que se les escapen los presos más emblemáticos, ni siquiera saben quién asesinó a Danilo Anderson, ni siquiera pueden controlar al corrupción y la escasez. Ni siquiera saben administrar su derrota.
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