Del dulce mal ofrece otra mirada de la poesía venezolana dedicada al tema amoroso
Una antología que reúne a más de un centenar de voces que le cantan al amor, quizá la pulsión más antigua, no es tarea fácil. Acometida hace varios meses por Harry Almela para la colección Llámalo Amor, Si Quieres del sello Alfaguara, el resultado de la intensa criba de lecturas y reflexión es el libro titulado Del dulce mal.
Tomando prestados para el título unos versos de Andrés Eloy Blanco que rezan: “Y quedarnos después con la delicia/ del dulce mal con que me estoy muriendo”, este libro de 200 páginas orbita muchos de los estadios vinculados a esa emoción que caracteriza al género humano.
“Quizá por ser el tema más socorrido de la poesía, sea el más difícil porque hay una excelente tradición en todos los idiomas. Es el gran tema y en el paisaje de la poesía venezolana son muy pocos los poetas que no lo tocan”, explica el antólogo.
Siendo poeta y ensayista de intereses variados, Almela se sumergió en la relectura de los poetas venezolanos y los clásicos que tratan ese tema, que para T. S. Elliot era el único digno de pensar. “Fue algo especial porque no es uno de nuestros grandes asuntos poéticos. Algo que caracteriza al poeta venezolano es el problema del sujeto ante el espacio”, señala el escritor.
Si algo define a este trabajo es la notable variedad de voces encontradas. Muchos autores poco recordados aparecen con piezas brillantes, como es el caso de Carlos Borges: “En él se da ese dístico tan particular entre los pecados de la carne y las culpas religiosas. Era un sacerdote de costumbres mundanas que tiene poemas muy buenos, algunos hasta góticos en los que habla de una muerta a la que besa”, dice entre risas el investigador.
Una antología alejada de la aridez de algunos textos académicos es lo que caracteriza a Del dulce mal. “Quise pensar en aquel lector que se inicia, quien pueda por esta vía, además de conseguir el poema que les auxilie en un momento determinado, visualizar un paisaje de lo que es nuestra poesía. Eso es lo más importante”, afirma Almela.
Lo místico del amor.
Apartando las reflexiones estéticas sobre el tema, Almela sonríe sardónicamente y señala: “Un mundo de eternos enamorados sería un fastidio, además de ingobernable, por eso es necesario el desencanto y la soledad, que también son las otras caras del amor. Lo que a mí más me interesa en el discurso amoroso es el asunto de la experiencia mística que supone”.
Acerca de la preeminencia del discurso poético sobre las demás formas de expresión literaria en Venezuela, el escritor tiene su teoría propia que formula sin ambages: “Hemos abusado de nuestro deseo de no hacer historia, el venezolano vive el mito del eterno retorno. Por eso es que la poesía vuelve siempre a los lugares comunes de nuestro lenguaje: la casa, el paisaje, la infancia y no terminamos de desgajarnos hacia una modernidad. En cambio, el narrador tiene que salirse de eso porque necesita tener un sentido histórico”.
Versos que aman
Carlos Borges:
Tus caderas de ánfora/ redil de mis pecados.
…
Lydda Franco Farías:
Una queda tendida/ knock out/ para reaparecer al día siguiente/ pidiendo la revancha.
…
José Lira Sosa:
Ella es inoxidable como la palabra/ asesino.
…
Félix Guzmán:
Te informo además/ amiga mía,/ que salvo esos ojos tuyos/ que me vencieron para siempre,/ nada hay al final del arcoiris.
…
Yolanda Pantin:
Entonces/ le cuento otro sueño/ no todo mi corazón te ama/ sólo la parte que está enferma.
- Del dulce mal. Poesía amorosa de Venezuela. Caracas, Santillana-Aguilar, 2008.






