sinagoga

Recién levantándome el sábado, mi madre me comunica la noticia. Los buenos muchachos mancillan la sinagoga de Maripérez.

Y esto es grave. Muy grave. Más que cualquier otra cosa que haya pasado hasta ahora. Es, como tanto le gusta decir a cierto discurso televisivo y dominguero, un salto cualitativo. Agredir la sinagoga en pleno Shabat, es recordarnos (a todos los venezolanos, incluyendo a la comunidad judía) nuestra condición de apartados y perseguidos.

Más allá del terrible lugar común referido al así comenzó Hitler, los pogromos y los guetos, desde hace rato hay venezolanos que ya somos judíos.

Recuerdo ahora aquella frase de Marina Tsvétaieva que tanto impactó a Paul Celan: en un mundo de cristianos, todo poeta es un judío. Heidegger auscultaba la metafísica en busca del Ser, mientras el Ser mismo se evaporaba en los aires de Auschwitz. En Venezuela, ahora, todo aquel que no confiese su complacencia o su alabanza, es un judío. Listas, cierres de canales de televisión, agresiones a espacios de la sociedad civil (iglesias, universidades, periodistas y estudiantes en las calles cotidianas). Hace rato, los gentiles estamos en nuestro gueto intangible, sin territorio. Nuestras sinagogas también han sido profanadas.

en la ucv

tiros

más disparos

agresiones a las mujeres

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Yo, como tanto otros en este país, hace rato soy un judío. Parafraseando a Paul Celan, en estos momentos ser venezolano es tanto como cavar una fosa en el aire, que allí no hay estrechez. Pero la historia sigue su camino.

Pudiera decir muchas cosas, pero ya todos sabemos mucho de esto. Y eso es lo importante. Esta mala película, hecha de retazos de Fahrenheit 451, de Rebelión en la granja y 1984, de El proceso y de Ricardo III, dirigida por Woody Allen en tono de Bananas, tendrá, como toda película, su fin.

La historia sigue su camino, decíamos. Y seguros estamos de que no los absolverá.

Harry Almela

Un Comentario

  1. A pesar de lo bajo que hemos caído, y de que siempre nos sorprendemos de ver que aún podíamos caer más bajo, es esperanzadora tu frase final: “Seguros estamos de que no los absolverá (la historia)”.

    Por ahora, a una judía por discriminación más no de nacimiento, sólo le queda seguir su campaña por el NO el 15F. Y es reconfortante saberse acompañada en la resistencia.

    Saludos,

    Z.-


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