hoy se cumplen sesenta y cuatro años del suicidio de adolfito hitler, el muchacho de braunau. una versión de la locura absoluta puede leerse en este documento, conocido como su testamento político, dictado horas antes en el bunker de berlín, con las tropas rusas a ocho cuadras. años antes, en sus días de gloria, solía cantarle a su mayordomo en el castillo de berchtesgaden (bavaria), quién le teme al lobo feroz, haciendo un juego de palabras con la etimología de su nombre, que en antiguo alemán quiere decir lobo noble.
Testamento político
Más de treinta años han pasado desde que en 1914 hice mi modesta contribución como voluntario en la Primera Guerra Mundial a la que fue forzado el Reich.
En esas tres décadas he actuado, únicamente por amor y lealtad a mi pueblo en todos mis pensamientos, actos y vida. Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles que mortal alguno nunca confrontó. En ello he empleado mi vida, mi esfuerzo en el trabajo y mi salud, durante estas tres décadas.
No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí.
Tampoco he deseado nunca, que después de la fatal primera guerra mundial, una segunda contra Inglaterra, o aún sobre Estados Unidos, fuera desatada. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos, resurgirá el odio contra aquellos finalmente responsables -a quienes todos debemos agradecer todo lo sucedido- el Judaísmo Internacional y sus secuaces.





