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Archivos Mensuales: agosto 2010

zapata

en dialecto suahili, “monólogo” quiere decir “palabra de mono” o “de primate”, que equivale a “palabra de gorila”, es decir, “palabra de militar”.

el patio sin mí es una sed transeúnte, un anillo sin dedo…

Uno extraña, digamos, las canciones, las obras de arte, las pinturas…
pero nunca el fastidio de lo previsible. color rojo, manos en alto, slogan repetidos hasta el cansancio.
la estética de lo balurdo, pues

publicado vía blackberry.

martin heidegger

En el año 1934, días después de su renuncia a la polémica rectoría en la Universidad de Friburgo, Martin Heidegger publica este texto en un diario de provincias. Alejado del mundanal ruido en su choza al sur de Selva Negra, a donde fue a visitarlo en su oportunidad el poeta de Fuga de la muerte, el filósofo decidió mantenerse en bajo perfil desde entonces, saliendo ocasionalmente de su cabaña para ocupar varias cátedras de filosofía en diversas universidades alemanas.

Heidegger es, sin lugar a dudas, uno de los filósofos más influyentes de la modernidad poética occidental. El “segundo Heidegger”, el paciente y etimológico escribidor que se despliega luego de su intento de crítica al pensamiento metafísico en Ser y tiempo, atrajo y aún atrae sigilosamente a todos aquellos que buscaron y buscan los necesarios y esplendentes pasadizos entre la poesía y la filosofía. Uno de ellos, Paul Celan, bebió hasta el fondo de la copa heideggeriana, sintiéndose tal vez culpable, segundos antes de lanzarse en aquel puente parisino, de esta pasión por el pensamiento de  quien había estado, desde el punto de vista político, sospechosamente cercano a  los asesinos de sus padres. La muerte es un maestro de Alemania,  escribe Celan, quien dejó para siempre sus impresiones acerca de la breve visita que le hizo al maestro en su casa en Todtnauberg, que así titula el poema:

Árnica, alegría de los ojos, el
trago del pozo con el
dado de estrellas encima,

en la cabaña

escrita
en el libro
-¿qué nombres anotó
antes del mío?-
en este libro
la línea de
una esperanza, hoy,
en una palabra que adviene
de alguien que piensa,
en el corazón,

brañas del bosque, sin allanar,
satirión y satirión, en solitario,

crudeza, más tarde, de camino,
evidente,

el que nos conduce, el hombre,
que lo oye también,

las sendas
de garrotes a medio
pisar, en la turbera alta,
mojado, mucho.
*

Heidegger es, entre otras cosas, un hijo cultural de la República de Weimar, que cantó en tono contrapastoral (según el término de Raymond Williams y Marshall Berman) el ascenso de la democracia luego de la caída del káiser Guillermo II. Apartado del duro y exigente  ambiente de la cultura de masas tan característica de la modernidad alemana, escribió Carta sobre el humanismo (1946) y La pregunta por la técnica (1953). ¿Por qué permanecemos en provincia? se inscribe en esta dinámica crítica acerca de la modernidad. Este aliento contrapastoral, supongo, es el que más ha atraído a los poetas de la tradición occidental. Expulsados del paraíso y de la república, los poetas cantan al paraíso perdido, y a su país extraviado. Grandes fragmentos de la modernidad poética occidental está atravesada por la misma sensación.

El texto lo hemos tomado de la página web Heidegger en castellano, que vuelve a aparecer luego de un prolongado y forzoso silencio, debido a una trifulca con editores argentinos por problemas de derechos de autor. Sirva esta nota como saludo a esta iniciativa de Horacio Potel.

* Paul Celan. Obras completas, traducción de José Luis Reina Palazón, Madrid, Trotta, 1999, pp. 321-322.

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