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harry almela en Google

Recién levantándome el sábado, mi madre me comunica la noticia. Los buenos muchachos mancillan la sinagoga de Maripérez.
Y esto es grave. Muy grave. Más que cualquier otra cosa que haya pasado hasta ahora. Es, como tanto le gusta decir a cierto discurso televisivo y dominguero, un salto cualitativo. Agredir la sinagoga en pleno Shabat, es recordarnos (a todos los venezolanos, incluyendo a la comunidad judía) nuestra condición de apartados y perseguidos.
Más allá del terrible lugar común referido al así comenzó Hitler, los pogromos y los guetos, desde hace rato hay venezolanos que ya somos judíos.
Recuerdo ahora aquella frase de Marina Tsvétaieva que tanto impactó a Paul Celan: en un mundo de cristianos, todo poeta es un judío. Heidegger auscultaba la metafísica en busca del Ser, mientras el Ser mismo se evaporaba en los aires de Auschwitz. En Venezuela, ahora, todo aquel que no confiese su complacencia o su alabanza, es un judío. Listas, cierres de canales de televisión, agresiones a espacios de la sociedad civil (iglesias, universidades, periodistas y estudiantes en las calles cotidianas). Hace rato, los gentiles estamos en nuestro gueto intangible, sin territorio. Nuestras sinagogas también han sido profanadas. Leer más »
Mihály Dés/ tomado de: Lateral. Revista de cultura
No es un viejo fantasma que recorre Europa, sino un mutante. Una nueva forma del antisemitismo se está colando en nuestra vida pública e, incluso, ha logrado una buena reputación. ¿De qué se trata? Y si fuera verdad, ¿cómo ha sido posible?
Tristes tiempos corrieron para el antisemitismo después de la Segunda Guerra Mundial. El Holocausto lo desacreditó tan despiadadamente que tuvo que replegarse durante varios decenios. Pero, como era de esperar, no desapareció. Los que, como servidor, habían vivido en carne propia el socialismo real, sabían que en la sombra prohibitiva del marxismo-leninismo sobrevivía todo tipo de racismo posible. El que más, el odio a los judíos.
En mi primer viaje a Occidente me enteré de que también en el Mundo Libre el antisemitismo seguía vivo y coleando. En París un bombero pluriempleado, con quien compartí el noble oficio de cargar muebles, me explicó que el mundo estaba dirigido por los judíos que, a la sazón, tenían su cuartel general en Moscú. Desde entonces me he seguido informado de otras fechorías hebraicas y de otras sedes de su conspiración global: Amsterdam, Varsovia y, naturalmente, Nueva York y Jerusalén.
Pero todo eso no era sino el viejo antisemitismo, temporalmente limitado al uso doméstico. Para que el odio más persistente de la historia volviese a ganar la plaza pública hacía falta volverse políticamente correcto. Era preciso encontrar una culpa universal para los hijos de Israel, algo en la línea de antes: asesinos de Jesús, usureros chupasangres, líderes del capitalismo y del anticapitalismo… Esta oportunidad la ofreció el Estado de Israel, cuya disputada creación, dicho sea de paso, fue apoyada por la progresía mundial y votada por los componentes del imperio soviético.
Pero las cosas se enredaron pronto. Los auténticos intereses geopolíticos de la URSS estaban en el lado árabe y el sionismo se convirtió en uno de los principales enemigos del campo de la paz. Se embrollaron las cosas, y mucho, también en Israel, pero no teman que trataré de aclarar este asunto en el restante folio y medio.
El caso es que Medio Oriente, con Israel como su epicentro, se ha vuelto en el punto neurálgico de la Tierra y, por consiguiente, en el centro de atención de la opinión pública internacional. Si las sucesivas guerras y amenazas a las que el Estado de Israel ha estado expuesto desde el mismísimo día de su creación no han logrado despertar un sentimiento pro árabe y anti israelí generalizado, sí lo ha hecho la lucha del pueblo palestino, sobre todo en su versión de Intifada. Según la opinión dominante en el mundo islámico y entre buena parte de la izquierda europea (en compañía de la extrema derecha), Israel es un Estado represor, que está cometiendo un genocidio.
Este radical diagnóstico ofrece la base ideológica y sentimental de dos nuevos tipos de antisemitismo: uno islámico, particularmente agresivo, y otro occidental, de origen izquierdista y liberal. El primero se traduce en actos violentos. El segundo de alguna manera los legitima.
Para un conocimiento sobre el antisemitismo islámico, recomiendo consultar la página web www.memri.org, que ofrece un archivo impresionante sobre las manifestaciones antisemitas en los medios islámicos, desde la invitación a exterminar a los judíos hasta la apología del nazismo. El fenómeno no se circunscribe a Medio Oriente. Desde septiembre de 2000, fecha de inicio de la Segunda Intifada, ha habido y un incremento espectacular de actos violentos contra instituciones y personas judías. La web www.tau.ac.il/Anti-Semitism informa debidamente a los interesados, quienes encontrarán abundante material también en La nueva judeofobia de Pierre-André Taguieff (Gedisa, 2003).
Desprovista de los grandes relatos, desorientada como nunca, parte de la izquierda occidental se ha volcado sobre la causa palestina con el mismo maniqueísmo combativo como lo hizo en su día en relación con la Unión Soviética, la revolución cubana y otros despropósitos históricos. Hasta aquí la historia de siempre, pues. La novedad es que esa defensa indiscriminada e incondicional de los palestinos empieza a incluir elementos específicamente antisemitas.
Fíjense no más en esas caricaturas aparecidas en diarios españoles ideológicamente muy diversos sobre el conflicto palestino-israelí, de las que ofrecemos una muestra en el presente número. En casi todas, la figura del israelí es representada como el judío de la propaganda nazi: un tipo siniestro y encorvado con una enorme nariz ganchuda. En todas las viñetas se insiste en algún tipo de paralelismo con el genocidio, el nazismo, la svástica. El mensaje nada subliminal es el de Saramago: ahora los judíos son como sus antiguos verdugos. Comparar las atrocidades cometidas por Israel, en permanente estado de guerra, con la eliminación industrial de millones de seres humanos sin resistencia, es una falacia histórica que justifica el mismo trato con los israelíes que los nazis les dieron a los judíos. Utilizando viejos símbolos hebraicos, las viñetas borran la diferencia entre un gobierno concreto, los ciudadanos de Israel, el sionismo, los judíos e, incluso, a veces, los EEUU. He aquí la vieja conspiración judeomasónica: los todopoderosos judíos son culpables de todo, inclusive de los atentados contra ellos mismos.
Naturalmente, nuestros dibujantes estarían indignadísimos si supieran que les acuso de fomentar el odio racial. Éste es precisamente el signo distintivo del antisemitismo posmoderno: no se reconoce como tal. Hasta ahora todos los antisemitas de la Historia estaban encantados de serlo. Nuestras bellas almas no lo saben o, al menos, no lo confiesan.
Extender la descalificación de un gobierno de Israel a todos los isrelíes y, a su vez, a los judíos en general es tan atroz y racista como tachar a los musulmanes en bloc de fundamentalistas o terroristas. Lamentablemente, esto último también ocurre, pero sobre todo a nivel popular y, por el momento, no está bien visto. En el otro lado, en cambio, el trato maniqueo y perjudicial se ha vuelto tan normal que uno ya ni se da cuenta. Yo mismo he visto varias de esas caricaturas sin haberme alarmado.
Hace pocos días, media Barcelona estaba empapelada con unas octavillas firmadas por una tal Entesa Islam-Catalunya y la Plataforma Joves per Palestina, declarando que “El sionismo derrumbó a Europa en 200 años”, “El sionismo planificó la estructura Económica y política de Europa”, “El Sionismo controla la ONU y el FMI”, “El Sionismo pretende ahora acabar con el Islam y el Mundo Árabe”, “El Sionismo controla el proceso de la Globalización Mundial”. O sea, puro Mein Kampf. Pero como también exigían una “Palestina libre”, su mensaje pasa, incluso despierta adhesiones, tal como podemos constatar en todas las manifestaciones por la paz y la libertad.
Empezando con la instauración del monoteísmo, los judíos han dejado su impronta varias veces en la historia universal, aunque sea mediante sus disidentes, como Jesús o Marx, o su martirio, como en el caso del Holocausto. Tiendo a pensar que también el conflicto que están padeciendo ambos bandos en tierras bíblicas tiene esa trascendencia universal. Y no sólo por cuestiones geopolíticas. En una época de dramáticas migraciones y dificultosas integraciones, de desigualdades crecientes entre los países, de conflictos religiosos y étnicos, de economías y violencias globalizadas, Occidente está ante portem (o, incluso, algo más adentro) de los mismos problemas que en Israel están ya en una mortal colisión. Este conflicto difícilmente se resolverá sin asistencia internacional, y el enfoque que se le dará será lo que en gran medida determinará cómo Occidente podrá abordar los mismos desafíos en su propia casa.
El antisemitismo políticamente correcto que se ha colado en nuestra vida pública contribuye generosamente a que las cosas vayan peor para todos, así en la Tierra Santa, como en la nuestra profana. En este sentido, entonces, el nuevo antisemitismo es exactamente como el viejo.

Receta para un buen filtro de amor socialista (acerca del gas del bueno)
El Zyklon B era la marca registrada de un insecticida a base de cianuro que se usó en la Alemania nazi durante el Holocausto, para asesinar a miles de personas (supuestamente, ya que actualmente investigaciones de diversas fuentes han encontrado que las remanentes concentraciones de Zyklon B en las “cámaras de gas” nazis son mínimas, por lo cual muchos sostienen que este producto no pudo ser el culpable de las ejecuciones en masa). También conocido como Cyclon B, consistía en ácido cianhídrico (ácido prúsico), además de un estabilizador y un odorante de advertencia. Con este se impregnaban pequeñas bolas absorbentes, discos de fibra, o tierra de diatomeas. Se almacenaba en envases herméticos; al contacto con el aire, producía cianuro de hidrógeno gaseoso (HCN). El Zyklon B todavía se produce en la República Checa bajo la marca registrada Uragan D2 para exterminar insectos y roedores.

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¿en qué se diferencian estos personajes? |
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3 de diciembre, 2008 no es que haya un hombre indispensable para un pueblo, sólo que hay momentos para la vida de un pueblo y en este momento histórico, a mi me cuesta decirlo, pero la presencia del líder de la revolución es indispensable para que se continúe profundizando la revolución socialista |
23 de noviembre, 1939 En fin de cuentas, debo con toda modestia calificar a mi persona como irremplazable, el destino del Reich depende de mí solo |
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respuesta: en que uno saluda con la mano izquierda y el otro con la derecha…
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¡Hermógenes, hijo de Hipónico! Dice un antiguo proverbio que todo lo hermoso es difícil, cuando hay que aprenderlo.
Sócrates, en Crátilo.
Entiendo que debe resultar inútil trazar un mapa acerca de los heterónimos de Eugenio Montejo sin ponerlos en diálogo con el resto de su bibliografía. Y sin embargo, la tendencia académica a estudiar y a leer la poesía venezolana como objeto, como corpus aislado del contexto -tanto del resto de la obra como del entorno estético en que se desarrolla- ha obliterado una construcción que permita contemplar la hondura de esas aguas. Tal postura está interesada más bien en abocetar un inmenso océano pero con pocos centímetros de profundidad. No es nuestro interés aleccionar en estas líneas el cómo debe hacerse para evitar tales desidias. Sólo nos interesa mostrar las junturas, los encuentros y desencuentros de Blas Coll y sus discípulos a la luz del resto de la poesía de Eugenio Montejo.
Siempre he sospechado que la poesía de Eugenio y la instrumentación de sus variados y disímiles heterónimos están más cercanas al Juan de Mairena que al Ricardo Reis de Fernando Pessoa, por vía de la intuición, la duración y la memoria que Antonio Machado aprendiera de Henri Bergson hacia 1911, cuando fue su alumno en París[1]. Siguiendo el consejo de Mairena (Tenéis unos padres excelentes a quienes debéis respeto y cariño, pero… ¿por qué no os buscáis otros más excelentes todavía?), Eugenio se dio a la tarea de fundar, acentuando de esa manera la obra de su ortónimo, su propia tradición literaria. Cuando crea sus heterónimos, busca en un espejo otra imagen que le redima de su confesa intención de sentirse exiliado de la tradición moderna de la poesía escrita en nuestro idioma.
Acto Primero
RAPO
Tesis. Este es un juego entre un hombre y una mujer, que podría llamarse más correctamente, cuando menos en sus formas más suaves, “Beso de Despedida” o “Indignación”. Puede jugarse con varios grados de intensidad.
1. “Rapo” de Primer Grado, o “Beso de Despedida”, es popular en las reuniones sociales y consiste esencialmente en el flirteo moderado. White da muestras de que está disponible y obtiene placer con la persecución del hombre. En cuanto él se declara, el juego queda terminado. Si ella es correcta, puede decir francamente: “Aprecio sus atenciones; muchas gracias”, y seguirá en busca de otra conquista. Si es menos generosa, simplemente lo dejará. Una jugadora hábil puede hacer que el juego dure largo tiempo, en una reunión social grande, moviéndose de un lugar a otro, para que el hombre se vea obligado a hacer complicadas maniobras para seguirla, sin ser demasiado obvio.
2. En “Rapo” de Segundo Grado, o “Indignación”, White sólo consigue satisfacción secundaria con los avances de Black. Su satisfacción primordial viene de rechazarlo, así que este juego es conocido familiarmente como “Largo, Amigo”. Ella lleva a Black a comprometerse más seriamente que con el moderado flirteo de “Rapo” de Primer Grado, y disfruta mirando su desconcierto al ser rechazado. Black, desde luego, no es tan inofensivo como parece, y puede haberse tomado bastante trabajo para conseguir involucrarse. Generalmente, él está jugando alguna variación de “Patéame”.
3. “Rapo” de Tercer Grado es un juego depravado que termina en asesinato, suicidio, o en el Juzgado. Aquí White lleva a Black a comprometerse hasta el contacto físico y entonces clama que él ha cometido un asalto criminal o que le ha hecho un daño irreparable. En la forma más cínica del juego, White hasta puede permitir que él complete el acto sexual, para disfrutarlo antes de acusarlo. La acusación puede ser inmediata, como en un auténtico caso de violación, o puede retardarse largo tiempo, como en casos de suicidio o de homicidio tras una prolongada intriga amorosa. Si ella prefiere jugarlo como asalto criminal, puede no encontrar dificultades en conseguir aliados mercenarios o morbosos, tales como la prensa, la policía, abogados y parientes. A veces, sin embargo, estos extraños cínicamente pueden volverse contra ella haciéndola perder la iniciativa y volviéndola un instrumento en sus juegos.

Prólogo al libro de Amando Rojas Guardia Fuera de tiesto. Poemas selectos. Caracas: bid & co, Ediciones de la Biblioteca Central, Universidad Central de Venezuela, 2008.
Es la época de las torres, la de Babel que el Señor destruyó y la de Siloé donde cayeron los inocentes. Es la época de los diluvios, de las nubes que vienen de los desiertos y de los mares que inundan el último palmo de tierra. Es el estallido, es el delirio, más allá de las ruinas de Selinunte, en torno a los acantilados del mar, sobre los escoriales de la fiebre se cierne la ceniza de los dioses y el dolor de Hermes.
Gottfried Benn
Releer los varios libros de Armando Rojas Guardia ha significado, además de un temblor y un reencuentro, la posibilidad de verificar nuevamente lo ya señalado por muchos de sus lectores (y particularmente por Rafael Castillo Zapata en el prólogo a su obra poética completa[1]), a saber, las profundas correspondencias que existen entre su escritura en prosa y su poesía. Pero el asunto, como suele suceder, es más complejo y huidizo que señalar este carácter dialógico, esta intertextualidad tangible en la construcción de la frase, en el manejo de las intensidades fónicas o en los referentes y preocupaciones centrales que la mueven. Más allá de lo ya dicho, y a manera de motivo principal que explorarán estas líneas, la obra de Rojas Guardia nos parece el conmovedor desenlace de una tensión entre las fuerzas de la posmodernidad (sobre la que reflexiona la mayoría de sus más recientes ensayos y que constituye el espacio abierto donde se mueve gran parte de la poesía de sus contemporáneos) y la respuesta estética y temática que propone a lo largo de toda su obra, que podemos resumir como una respuesta retórica en retro a las dudas del sujeto en esa particular manera de ser que tiene nuestra modernidad latinoamericana. Toda la obra de Rojas Guardia, a nuestro entender, es la expresión de la lucha del ser moderno, atravesado como vive de parte a parte por los espacios y los productos culturales de la posmodernidad. Para decirlo de una vez: si desde algún sitio puede leerse esta obra es precisamente desde el quicio de un cristiano practicante y periférico que busca ordenar su yo poético desde los espacios ya casi calcinados o congelados de la modernidad, justo en un territorio donde la reflexión y la producción posmoderna en el territorio de la poesía del continente ya comienza a concebir y crear sus propios espacios, lo que le convierte en una rara avis de nuestra poesía, a contramano de la modernidad y la postmodernidad literaria.
PIEDRA DE TOQUE
MARIO VARGAS LLOSA
14/12/2008
El poder y el delirio
La biografía de Hugo Chávez escrita por el ensayista mexicano Enrique Krauze muestra un personaje más complejo de lo que se piensa. El venezolano está abrasado por el patriotismo y el culto a Bolívar.
Quienes consideran al comandante Hugo Chávez un ser primitivo y superficial juzgándolo sólo por sus apariciones televisivas, en las que derrocha truculencia, demagogia, vulgaridad, diatribas y jerga, se llevarán una sorpresa leyendo el libro que el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze ha dedicado al presidente venezolano: El poder y el delirio. En su intenso rastreo, Chávez aparece, desde adolescente, antes de ingresar al Ejército, como un joven abrasado por una pasión subversiva y patriótica, que practica el béisbol con éxito y devora libros de historia de su país, biografías de sus héroes y escudriña sin tregua la vida y proezas de Bolívar a quien profesa un culto religioso y sueña con emular.






