el síndrome de coppelia


Cuentan que hace pocos meses, Aerolíneas Argentinas inauguró un vuelo Buenos Aires  – París. El piloto, muy atildado y ufanándose de la hazaña nacional y continental, se dirigió desde su asiento en cabina a los bienaventurados y exquisitos pasajeros de esta manera:

– Buen día, señoras y señores pasajeros. Bienvenidos al vuelo inaugural 1501 Buenos Aires – París de Aerolíneas Argentinas, sin escalas, con una duración de cuatro horas. Como hemos venido anunciando, este avión, el Gaucho Cero-Cero-Uno, cuenta con dos potentes y ecológicos motores atómicos, el Ombú Uno y el Ombú Dos, todo construido recientemente con pura tecnología criolla en nuestra Fábrica Nacional de Aeroplanos y Satélites ubicada en Bariloche, Provincia de Río Negro. Esta empresa, cabe señalar, cuenta con el desinteresado apoyo financiero de la hermana República Bolivariana de Venezuela. Para celebrar tales proezas nacionales, las cuales se resumen en este vuelo inaugural, el avión ha sido equipado con seis salas de cine 3D, dos casinos y un hipódromo para mejor disfrute de los adultos. Para los seguidores de la cultura patria, la aeronave cuenta con una sala de teatro, réplica del afamado Teatro Colón de Buenos Aires, donde actuará, de manera exclusiva, el grupo argentino Les Luthiers. Para los amantes del arte, hemos habilitado una extensión del Centro Cultural Amigo Néstor Kirchner con una exposición fotográfica, hemerográfica y bio-bibliográfica acerca de la vida y la obra de nuestro amado presidente, lamentablemente fallecido, y que hoy aún recordamos con afecto y agradecimiento. No nos hemos olvidado de los pequeños de la casa. Durante el vuelo, los chicos podrán visitar nuestros dos jardines zoológicos, uno de animales del hemisferio Norte y otro de animales del hemisferio Sur. Como atracción principal, hemos instalado en el piso cuatro una cancha de fútbol para ochenta mil espectadores cómodamente sentados, donde los estimados pasajeros podrán asistir al juego de la gloriosa e inmarcesible selección albiceleste bajo la dirección del Pibe Maradona. contra una selección mundial al mando de Pelé. Dos gigantes del fútbol, como podrán apreciar. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no ha escatimado en gastos para satisfacer los más mínimos deseos de nuestros estimados pasajeros. Durante el receso del juego, se ofrecerá un bufete de comida en cualquiera de los cuatro restaurantes a bordo: uno de asados argentinos, otro de comida francesa y, para los paladares más exigentes, dos restaurantes de comida africana. Bueno, estimados pasajeros, por favor abróchense los cinturones y vamos a ver si esta mierda despega.

Si esto es un chiste, la realidad venezolana es aún más deslumbrante. Cada vez que les viene en ganas, o les sale de sus jupiterianos testículos -que no es lo mismo pero es igual-, nos amenazan con el argumento de que algún día, más temprano que tarde y sin reposo, seremos una potencia mundial en la producción de sorgo, soya, aguacates, mangos, guayabitas del Perú, huequitos para botones y regaderas, y de helados Coppelia. Saludos, Fidel, ja ware yu.

Uno los oye y no sabemos si reírnos o largarse a llorar sin pañuelitos. Los alguna vez famosos helados habaneros no han podido producirse a escala argentina, pues, óyeme tú, hace falta crema de leche, mulato. Un detallito, en un país que importa la leche descremada que consume. En fin de cuentas, para qué nos sirve ser una potencia mundial en cualquier cosa si las aceras y autopistas son una mierda, si el viaducto de La Cabrera (a pocos kilómetros de mi casa) se derrumbará en cualquier momento y nuestra educación es una estafa. Vivimos en un país donde resulta más sencillo encontrar un pingüino en los médanos de Coro que conseguir un paquete de Harina Pan.

La mayor contribución de Rómulo Betancourt a la historia patria no consiste en haber sido el “Padre de la Democracia”, como suele comentarse, sino en haberle inventado al país un partido del tamaño de su barbarie, un petrolero e ideológico prêt-à-porter cuyo lema reza “Pan. Tierra. Trabajo.”, donde, con absoluta desfachatez, se consagra el pan de primero y el trabajo de último. El actual presidente y su partido han llevado ese eslogan a niveles de Hitchcock y de Fellini juntos, adornado con rojos ribetes de “El Acorazado Potemkin” a escala de curiara y música de Alí Primera.

Ayer charlaba con un amigo terapeuta, y me confesó que estaba harto. Muy harto. Que ya no veía televisión nacional ni compraba periódicos y que borraba de su buzón todo correo cuyo asunto amenazara con un análisis. Me confesó, turbado, que le bastaba con sintonizar Animal Planet para entender lo que sucedía en el país, a saber, que un gorila, para dejar en claro que era el líder de la manada, le bastaba con agarrarse el miembro viril con ambas manos, mientras que el resto de los machos, echados al piso y panza arriba, se orinaban para mostrarle sumisión. Ante tal argumento, que más bien parece un satori, le dije, casi en el nirvana, que el problema nuestro no era político, sino cultural. Me conmovió que estuviera de acuerdo.

Luego de tan reconfortante conversa, decidí no asomarme por nuestra televisión. Ni siquiera puse un tuit. Tal aislamiento por un día me ayudó a descubrir lo más terrible. No estoy deprimido, ni siquiera tengo una triste expresión que no es tristeza, como reza Machado en algún verso. Si no algo más. Y menos: es una simple y vulgar arrechera. Una arrechera que consiste en vivir en un país que hace rato dejó de serlo, padeciendo un atrapado y sin salida en la última cena de Viridiana, mientras nuestra clase media cuenta los días para tomarse la decembrina foto con miki maus, o se perturba pensando si le quedarán suficientes bolívares para comprarse una Gift Card o un Galaxy vía CADIVI.

Esta mañana, de compras en el mercado de los chinos, un gordo con cara de Secretario General del Sindicato de Carniceros del Mercado Periférico de La Limpia de Maracaibo, estado Zulia, luciendo una franelita roja, me sorprende en el pasillo con este comentario: el que busca, consigue, bróder. Acá está: Leche Condensada La Campiña, que es la mejor. Esto me supera con creces. ¿Alguien me explica?

Y así vamos, mientras celebramos los triunfos del Cabrera y la Chacín. Todo con música del Tío Simón.

¿Voy bien, Camilo?

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