Los trabajos y las noches. Adriana Gibbs

Preguntando a los Poetas

Los trabajos y las noches de Harry Almela

La participación de Adriana Gibbs en el taller de poesía organizado en 1991 por la Casa Rómulo Gallegos, la lleva a concebir un proyecto que pretende confrontar
y hacer dialogar a los poetas con el tópico que más grande huella imprimiese a su
obra y a su vida. Hoy otorga la palabra al autor de El terco amor, Harry Almela:
“su constante diálogo con la infancia, la erudición y el tema amoroso” la animan
a ponerlo ante a una frase o afirmación de “esos poetas de los que tanto habla”


En abril de 1991 comencé, junto con otros doce jóvenes, el taller de poesía que organiza todos los años la Casa Rómulo Gallegos. En esa oportunidad la coordinación estuvo bajo la responsabilidad de Harry Almela. Un taller y un año de descubrimientos: el Armando Rojas Guardia ensayista, el mundo de Denise Levertov, la mala calle de William Osuna, Valéry y su cementerio marino fueron algunas de las revelaciones. Las tardes de los jueves no sólo eran momentos para indagar y ensayar nuevos textos; compartíamos muchas dudas y temores sobre el pavoroso y al mismo tiempo fascinante oficio de escribir.

En sus conversaciones, así como en su poesía, Almela mantiene un constante diálogo con la infancia, la erudición y el tema amoroso. Entre sus poemarios figuran Muro en lo blanco, Frágil en el alba y El terco amor. El año pasado publicó Los trabajos y las noches, un hermoso libro de poemas que obtuvo Mención de Honor en la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra, y recientemente acaba de editarse Palabra o indigencia.

¿Qué diría Almela si lo pusiésemos frente a algún verso, una frase suelta o alguna afirmación de esos poetas de los que tanto habla? ¿Cómo sería un diálogo entre Almela y Ungaretti, Jaramillo Escobar, Alejandro Oliveros? Saldar esta curiosidad fue lo que motivó este encuentro.

“El poema se vive antes de hacerlo, es una vieja lección nunca aprendida”. (Armando Rojas Guardia)

-Creo que antes del poema lo que se vive es la experiencia. El poema es la carnalidad de la experiencia en la palabra. El tránsito entre la vivencia personal y el poema es el trabajo del poeta, un trabajo de traducción de la imagen, sensación, metáfora o idea. El poema no está escrito antes. Fíjate que Rilke en Cartas al joven poeta escribe “si su vida no está llena de poesía no culpe a la vida, cúlpese a usted”.

Yo replantearía la frase de Armando diciendo que lo que existe antes es la experiencia o sensación poética, la intuición o el sonido, que requiere un tránsito desde esa oscuridad hasta la forma del poema. Creo en lo poemático como trabajo de inteligencia. La poesía no se hace con emociones, sino con palabras.

-“Dejemos la prisa a un lado. Sepamos de una vez que se necesita de una vida de paciente trabajo porque la sola inspiración no basta. Esta no se da en el vacío. Es el poeta el que se inspira a sí mismo si tiene de dónde y en qué inspirarse”. (Jaime Jaramillo Escobar)

-A mí cada día me resulta más difícil la palabra inspiración. Creo que el concepto de inspiración corresponde a una etapa de la hechura de la poesía que ya no estamos viviendo. Cuando uno hace un ejercicio de reflexión acerca de los modos como los artistas se han visto a sí mismos o en los roles que la sociedad les ha asignado, se constata que esas cosas han venido cambiando. Eso de la inspiración, que es un término muy romántico, todavía tiene algo de peso. En muchas tribus norteamericanas, latinoamericanas y africanas el artista es la voz de la tribu, el personaje llamado a convertir en tradición oral o en palabra todo el mundo y el universo imaginario de esas sociedades.

El concepto de inspiración es más griego: “Canta oh diosa la cólera del Aquileo”, así comienza Homero la Ilíada; o sea ayúdenme musas a echar este cuento, yo soy el intermediario entre una voz superior que dicta y la gente que me escucha. Para la tradición cristiana la Biblia es un libro inspirado en el Espíritu Santo, es este el que habla a través del hombre. Teorías más recientes conciben a los lenguajes artísticos como expresión del subconsciente, sea del individual (Freud) o colectivo (Jung). Siempre se está buscando explicar o entender el hecho creativo a partir de una cosa que está fuera del artista. En todo caso, considero que llegará el momento en que se le reconocerá al propio individuo su capacidad de recrear en lenguajes distintos a los acontecimientos individuales y colectivos. Eso es el arte y la responsabilidad recae sobre el artista.

-“Ante el público un hombre es un poeta si ha escrito un buen poema. Ante sus propios ojos un poeta sólo lo es cuando está haciendo la última revisión de un nuevo poema”. (Wystan Hugh Auden)

-Me recuerda a una frase de Juan Carlos Onetti, escritor que no asistía a encuentros de escritores ni a simposios ni congresos. El decía: “yo soy sólo escritor cuando escribo”.

Lo que sucede después de la escritura, bien sea la entrada del libro en el circuito social, es algo que muchas veces no depende del escritor. En mi caso, cuando el libro sale publicado, ocurre que ya no quiero verlo más, siento algo como vergüenza o pena. Tengo la fortuna de no recordar poemas míos y eso me tranquiliza mucho. Los retomo desde otra perspectiva. Cuando me veo llamado a comenzar algo nuevo tiendo a revisar algunas cosas que he escrito porque siento la necesidad de saber qué continuidad o qué cambio hay entre lo que yo concibo que va a ser el nuevo libro y lo que he venido haciendo. Trato siempre de acercar mi trabajo a mis nortes, a lo que ha sido mi destino literario. Indago qué es lo que me interesa profundizar, trato de alguna manera de buscar continuidades. Creo que eso es lo hace a un escritor, el ir tomando conciencia cada vez más de cuál es el instrumento que le toca en el concierto y cuáles son sus posibilidades y necesidades expresivas. Eso solamente lo puedes hacer cuanto te detienes y miras atrás.

Creo que hay tránsitos en la vida de un escritor: uno pasa de escribir poemas a hacer libros y de hacer libros a hacer obra. Y uno está construyendo una obra en la medida que se tengan cosas por decir. Allí están los logros. Lo demás son notas a pie de página.

-De nuevo Auden: “Muchos autores confunden la autenticidad que siempre deben buscar con la originalidad que jamás debe preocuparlos”.

-A ninguna de las dos las tengo como preocupación. Considero que la autenticidad está en otros registros, no en la obra. Es un problema de la ética y también un problema de la poesía pero de otra manera. No se trata de hacer una poesía ética. Hay que ser consecuente con lo que uno esté haciendo. A mí me preocupa que las nuevas generaciones de escritores estén más preocupadas por la promoción que por hacer una obra. En la medida en que uno se va acercando a la exigencia y necesidad de hacer una obra, uno va dejando el ruido y en la medida en que uno no logra hacer una obra se continúa con el ruido, e incluso se incrementa. A los autohalagos el tiempo los pondrá en su sitio.

-“En este siglo no es posible la contemplación y donde no es posible la contemplación no es posible la poesía”. (Ungaretti)

-No estoy muy convencido de que la contemplación sea una forma de hacer poesía y más aún en el caso de Ungaretti, quien nunca fue un contemplador. Pienso en sus primeros libros escritos desde la experiencia de la guerra y sin embargo son de una poesía muy decantada, de mucha serenidad. Creo que el ritmo de lo de afuera marca cosas, pero como la astrología, inclina pero no obliga, porque si fuese así ahora se escribiría una poesía del estruendo. Y no es así. Lo externo da ciertas cosas, pero no creo que sea determinante.

-“No es el amor que muere, somos nosotros mismos”. (Luis Cernuda)

-Cada vez es más difícil el ejercicio del discurso amoroso y con esto no estoy diciendo alguna novedad. La conceptualización de lo amoroso en términos de la unión en un solo cuerpo y espíritu, así como la relación de vasallaje que establece el amor son conceptos que vienen de antiguas tradiciones y estuvieron arraigados en un tiempo; creo que ahora están en crisis, la gente no quiere compromisos. Yo recibí una educación sentimental que no se corresponde con lo que está pasando ahora en el mundo. Lo que he escrito desde y sobre el tema amoroso tiene que ver con eso. Ahora me cuesta mucho creer en el amor y eso está muy patente en mis libros Cantigas, Frágil en el alba y El terco amor. Allí están la creencia en el enamoramiento, la ausencia sentida como prueba y el destrozo del concepto del amor. Ahora espero que este tema me deje en paz.

-“A los 45 ya todo triunfo es humo vago. La gloria parece entonces un negro precipicio al cual se aproximan el cortesano hábil y el poeta sin honor”. (Alejandro Oliveros)

-La fama es una cosa tonta. Si la gloria de uno pasa por ese reconocimiento que significa ganarse los concursos o si los concursos son parte de ese reconocimiento, eso me parece absolutamente superficial y baladí. Creo que lo de uno es continuar lo que viene haciendo: escribir, pensar, reflexionar y continuar. Si después viene o está allí a los 45 años, edad por cierto que acabo de cumplir, no sé. La verdad es que la fama no me perturba el sueño. Debo confesar que durante algún tiempo sí lo hizo; eso de no ser invitado a sitios o no ser tomado en cuenta sí me preocupó años atrás. Después, no sé si por resignación o por acto de inteligencia, me di cuenta de que no era importante. Ahora me siento muy cómodo con lo que estoy haciendo, desde dónde lo estoy haciendo y cómo lo estoy haciendo. He hecho cosas porque he sentido la necesidad de hacerlas. Lo demás viene por añadidura.

Adriana Gibbs. Periodista y poeta

Verbigracia, El Universal. N° 56 Año III
Caracas, sábado 27 de mayo de 2000

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