Los trabajos y las noches. Alberto Hernández

I

Harry Almela se aviene a las distintas voces que lo asedian y escribe Los trabajos y las noches, en un vehemente y arriesgado ejercicio de la memoria. Libro–periplo que despeja nombres y ciudades, la piel de los viajes y los pequeños detalles de cada incursión confiscada a las imágenes que el ojo de adentro reconstruye. Trabajo que le permitió ser mencionado en la Bienal Internacional de Literatura «José Rafael Pocaterra» en 1998, y con el que Almela demuestra la mesura de una madurez incuestionable.

Libro donde el yo y el tú fraguan una lectura derivada en una tercera persona visible en el tono, a pesar de las múltiples maneras de acceder a la imagen. Un hilo perceptible conduce la sintaxis, aquella tan cara al poeta, roce de nuestra herencia castellana. El autor de Los trabajos y las noches logra crear un espacio en el que la cotidianidad y lo destinado al adentro morigeran la intención proteica del libro: cada poema se percibe islote hasta convertirse en respiración mediterránea, abierta en la pausa que ofrece ir de una a otra orilla de lectura.

II

El primer texto nos advierte lo que hay en las páginas de este poemario, como una forma de atestiguarse, aliviar las expectativas del lector. No crea usted en lo que voy a decirle/ en las páginas de este libro// El amor es un artificio/ que destroza flores en el parque// El gris de los palacios, suspendidos/ en la niebla, es el sitio de reposo/ para este corazón que tiene miedo.// No crea en mi palabra, vuelvo a repetirle./ La poesía miente, mi querida señora,/ miente como el sol de verano en Dinamarca. Poética en la cual lo dicho revela la constante, el amor como tema de cuidado, tan de Sabines en su brillo.

El amor, ya tocado en El terco amor, es para Almela una forma de desnudar el dolor y el destino incierto.

Amor y poesía, artificio y mentira: ¿qué tiene de falsedad el texto si ya es fuente de enigmas y descubrimientos, si el poema –a decir de Octavio Paz– es el hueso donde se sostiene la belleza, esa extraña esencia? En la escritura de este libro se siente una cierta mística, la lógica amatoria, como lo ha dicho Carlos Brito al abordar la poesía de Rojas Guardia: la palabra se convierte en la imagen de la amada, de un nombre pronunciado con sagrada intención. No en vano Antonio Cisneros se detalla en un susurro traducido en súplica.

III

Los trabajos y las noches es, en definitiva, la consagración de un oficiante de la poesía. La pasión de quien ha sabido verbalizar paisajes e impulsos de un imaginario multiplicado en la insistencia de viajes, experiencias amatorias, soledades, la aventura de vivir para elaborar poesía, ese artificio transformado en quehacer permanente.

Tantas son las lecturas de este libro de viajes de Harry Almela que nos hace abrevar en un soneto cuya sonoridad ocupa la revelación castiza, la templanza de Borges y una tumba en tierra helvética. Para celebrarla, cerramos con él: Perdóname, lector, esta impostura,/ La de haberte inventado algunos versos/ En donde nunca hablé de los cerezos/ Ni de mi dulce temor a la blancura// De la página. Con idéntica pavura/ Confiesa Dante amor a la inocencia/ Que se llamó Beatriz, la de Florencia,/ La villa de los Borgia, tenue y dura.// Y yo la amo, María lo afirmo despacio/ Citando a Virgilio en el prefacio/ De aquel libro sobre los conjurados// Es mi hora. En Ginebra ya está el sitio/ Maduro. Vuelvo a mi Fin, a mi Principio./ Y polvo seré, mas polvo enamorado

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