Ventana de emergencia

Ventana de Emergencia
Caracas, editorial FUNDARTE, 1990


 

¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?

HerÁclito, fragmento 16


 

Testamento

No poseo bienes de fortuna. Mi única riqueza consiste en una biblioteca y en dos o tres túnicas que me fueron otorgadas para ejercer mis cargos públicos.

De entre mis libros sobre Historia Natural (que servirán de códice a un ciego de cabellos argentinos), quiero que éste, titulado Ventana de Emergencia, sea entregado a Adrianus Aelius Imperator. Ciudadano de griega cultura, vivirá en una ciudad fundada por los hispanos allende el mar, la cual llevará el nombre de sus nativos.

Políglota y amante del cine, Adrianus dará a este libro el mejor uso.

Es mi voluntad.

PLINIO, EL ANTIGUO


 

Gracias a Justine

Alejandría, el más grande lagar de amor.

Lawrence Durrel

Yo quiero irme a Alejandría,
la ciudad donde reposa mi placenta bajo tierra.

Allí una noche de ebriedad es suficiente
para que el cuerpo sea
un don de los dioses.

Recorreré en el Nilo y sus llanuras
los ríos que he perdido.


Agradeceré en voz alta al antiguo poeta
(aprendí en sus líneas,
con mas rigor que en los castigos de mi infancia,
a no decir mentiras).

Me asomaré de nuevo a la ventana del hotel
para descubrir en la calle cuántas figuras se te parecen
y en compañía de los ruidos del mercado
volveré a comer los dátiles del sexo.

Yo quiero irme a Alejandría
y en las mañanas del puerto
al regreso de los pescadores,
ser el ojo de los alcatraces
oteando la muerte entre los peces.


Entre los trópicos

Dicen que en el Sur
el Kalahari castiga a los hombres
con la recolección del rocío
después del alba.

Los bosquimanos miran en el cielo
la Constelación de la Cruz
sin saber de su nombre.

Hacia el Mediterráneo
se mueve el Sahara.
La llanura se extiende hacia el Delta
donde el Nilo pierde
el color de sus apellidos.

Pero algo falta en el corazón,
en la franja central de este mapa.

 


Nairobi, 1913

Acerco mi oído a tierra
para saber de jirafas
cruzando indiferentes la línea ecuatorial.

Toman el té a las cinco de la tarde
(miran sus ojos
cierta tristeza en el paisaje).

¿Qué puedo hacer con tu nombre en el mapa,
enamorado de tus calles,
del ritmo primario de tu gente?

En Nairobi, a esta hora,
amanece
y nosotros aún
somos el ayer.


Honorio escribe una carta a Britannia

Desde el valle asediado por hombres
que buscan pasto para sus caballos
decido enviarte estas líneas (oh, Britannia!,
hermosa y dulce, oculta en la tiniebla.

Entiendo que no reconoces mi gobierno
y por ello renuncio a mis potestades.

He ordenado a las legiones que regresen
y abandonen para siempre las murallas de Adriano.

Estás llamada a la más alta fortuna
y para mí vendrán mejores tiempos

(lo sé, todavía creo
en el designio de los sueños).

Un hombre más digno que yo, Dios salve al Rey,
enaltecerá tu nombre. No olvides la piedra
aun cuando Excalibur sea el centro de tu gloria.

Mi única alegría consiste en saber
que no estaré en tus dársenas
despidiendo a mi hermano
cuando marche hacia la guerra.

Estoy cansado y viejo. Pero debo
enfrentarme a los godos. Salve, Britannia.


Manuscrito hallado en el puerto de Nápoles

Yo, que he sido fiel al linaje de Vespasiano,
Comandante de tropas en la Germania, Procónsul
en la Hispania y en las Galias;
yo, que me he servido del rudo dialecto
de mi tiempo para hablar de astros
y de plantas, celebrando tierras y costumbres;
yo, que descubrí los seres fabulosos
que se alimentan y procrean
en los confines del Imperio, muero hoy
bajo el puñal de mis esclavos.

He disfrutado del ocio, del placer
y del dolor que me fueron dados.

Niego la inmortalidad del alma, creencia
pregonada por necios seguidores
de un hombre de la Palestina.

No existe el alma, no existe premio ni
castigo. Miserable el que imagine
una vida futura. Infeliz quien cree
en estos designios y hace proyectos,
abandonando para siempre este reino,
el dulce asombro ante las cosas.

Polvo he sido y en polvo
me convertiré en unos momentos
cuando la furia del Vesubio nos alcance.


Arte poética

Defenderé esta ciudad.
No repararé en el catálogo de las naves,
los caballos de Zeus no serán suficientes,
no me vencerá el ingenio de Odiseo.

A nadie beneficia
esta guerra eterna contra los aqueos
y la muerte de Patroclo ha sido en vano
si las primeras líneas dictaron mi suerte.

Soy el joven Héctor,
querido y olvidado por los dioses,
derrotado y de pie
frente a la cólera del Pélida Aquileo.


Epitafio para una golondrina

Generación va, generación viene, mas la tierra permanece.
Eclesiastés 1,4

Me atreví a decir cosas
que fueron murmullos
en el oído de esta gente.

Sólo el hombre de la plaza
comprendió mi canto
mientras yo escuchaba
la voz de su corazón.

Y repartí las escamas doradas
de su capa, y sus ojos verdes.

Ya no hay ventanas para mí,
llega el invierno.

He retardado
el vuelo hacia el sur
detrás de mis compañeros.

Ahora me ama la muerte.

Volveré cuando alguien
abra estas páginas.

Sólo la tierra permanece.


Poema escrito en una biblioteca

Me he decidido por lo que elegí,
no quiero nada que se parezca al mundo.
José Barroeta

Nunca quisiste ver las torres de Ilión.
El ensañamiento de los dioses
y todo este llanto troyano han sido inútiles.

Abro el atlas para mirar de cerca
al Gran Río naciendo
en el Lago de los Bosques.

Compruebo con asombro
que Inglaterra no se encuentra
mas allá de Indonesia.

Las Siete Noches descansan en un estante
ahora que decido tu ausencia
y lo eterno me mira
desde los ojos del gato.


Nocturno

Ven a mi cuarto, Silvia,
y sentada de nuevo frente al piano
hazme sentir la fuerza romántica
de Liszt. Háblame de las pasiones antiguas
que ya nadie profesa.

Inventa para mí un Vallée d’Obermann
mientras cierro los ojos para mirar
al hombre en los prados de Suiza,
solitario y arrepentido
de los vanos esfuerzos.

Un fino gesto pondrás en tu manera
de ensayar otra vez el agradecimiento.

Lejos de nosotros
la gente aplaude, te ovaciona,
y tú te vas volando.


Poema conjetural

(Luego de su viaje por el Mediterráneo provocando
la ira de los dioses, Odiseo regresa a Itaca. A través
de una ventana de palacio mira a Penélope acicalándose
y murmura:)

Peinas tus cabellos y repites la historia.

Desnuda sobre esa superficie
me imaginas libando tus tres picos.

Ahora entiendo por qué amas tanto los espejos,
esa puerta para entrar desde otro cuarto
en donde acecho y me preparo
para herir tu muslo de amazona.


Cantar de los Cantares 4,10

Ascenderás desnuda del limo de los días
donde la ropa esconde los deseos.

Vamos a la ventana
y miremos un instante.

Yo hablo de acercarnos a la muerte,
de ir al desierto a beber agua.

Vénceme.

Haz de mí un hombre pequeño,
un pájaro de alas cortadas,
al ave fénix que se queda en la ceniza.

Vénceme y despacio
abramos los ojos
y descendamos al sueño.


Lamento en el Monasterio de San Pedro de Cardeña

Ya lo veo que estades vos en ida
e nos de vos partir nos hemos en vida.

Ximena al Cid, Canto I

Cuando tú te hayas ido
con mi dolor, a solas,
evocaré el idilio
de las azules olas.

Cuando tú te hayas ido
me envolverán las sombras.


Desde la oscuridad

Los dos gatos
viven en eterno exilio.

Cuando regreso a casa
me miran con fastidio,
con el desdén tan propio
de los dioses.

No conocen la costumbre
del sufrimiento. Propician
miedos de la niñez.

Esos ojos,
altorrelieves de la noche.


Propósito de enmienda

Sólo me falta
dominar los siete idiomas
occidentales.

Mientras tanto,
para espantar el laberinto,
escribo esta cuartilla.


Presencia

La maravillosa tarde.
La tarde.

Soy el tesoro de lo umbrío,
la flecha de nieve
describe su arco. No tengo
cigarrillos. Ni picadura.

La tarde.

Los otros caminan
lentamente
hacia la puerta del cine.

Te he llamado dos veces.

Levanto mis ojos.

La maravillosa tarde.

Sólo la tarde.


Atardecer en el pueblo

Cárdeno. Cárdeno de bermejura.

Se fué el patio de la trinitaria,
él ahora no ama los muros.

Salta desde la noche de las cañas,
el campo de añil desaperece.

Sólo quedan los viejos recostados
en sus sillas de madera.

Cuando él se pone su sombrero
y se levanta.


Intento de regreso

Hablo siempre de lo que no me pasa.
Quiero bajar a lo fidedigno,
a lo más terso del alba.

Desnudo, cumplo el veredicto,
esta mentira que me sostine.

Quizás alguien lee estas líneas
mientras escribo.

Y ya no me pertenecen.


Calle Campo Elías, número 85

La casa que tengo que inventar
Luis Alberto Crespo

En la duermevela, los
automóviles pasan sonorosos
sobre el puente.

Miro en el suelo
las migajas. Aquellos
pájaros las llevaron
lejos de mí.

Quiero apartar el pan,
resignarme para siempre.


Diciembre

Había una vez un rey
a quien le regalaron un
traje invisible. Sólo
la inocencia
descubre el juego. Viva el rey.

El niño no escucha
el final del cuento.

Ahora duerme sumergido
en el pozo que mira.


Antigua madrugada

La dama de noche entra
por la ventana. El gallo
repite su gesta, el oficio
que lo justifica.

Ya no hay relámpagos
para el miedo. El cuerpo
descansa después del asma.

Ella va a venir.

Va a venir y no estaré
debajo de la sábana.


Paso a nivel

Ese tren que propicia pañuelos
alejando amores malogrados,
lleva cartas
y saluda al cielo con el humo.

Ese tren de acero sobre acero
que atraviesa despacio los solares
en donde un niño conversa con el pájaro
y recibe en abril
el beso de los araguaneyes.

Ese tren descansando
en un andén bajo la lluvia,
en donde hoy ofrendo esta nostalgia,
ya no permanece oculto en la memoria.

Se desplaza ahora en estas líneas,
majestuoso.


As de pica

Hay quien desconoce el gesto
de la Reina de Corazones,
el vértigo secreto de Alicia.

Para saber del roce del comodín
es necesario olvidar,

construir la fábula de la escalera,
adivinar presencias en el mazo,
esperando con paciencia
la carta necesaria.

Llegar a quinientos
depende de otras potestades.

Es una vuelta del azar,
una querencia de la mano.

Las barajas conducen la vida
aunque en el as de pica está la muerte.


Sobre la orientación

En la mayoría de los casos, uno no
sabe nada.

Juan Sánchez Peláez

Aprendimos de la brújula
este arte del cuerpo,
la vigilia.

Así, uno sale a la calle,
compra el pan y los periódicos,
sin correr el riesgo de extraviarse.

Pero decir que el Norte está siempre
detrás de esa montaña
eso no es una certeza.


Arte erótica

Se le recuerda al público usuario
que por razones de seguridad
no debe cruzar la raya amarilla
hasta que el tren se detenga.

Y abra sus puertas.


Otra manera de hablar sobre la muerte

Cuando se aleja el miedo
uno se asoma a la ventana
y mira el crepúsculo.

Una voz en lo bajo
nos recuerda el vínculo.

Pero el pájaro salta
al vacío
y es libre.


La Rosa Púrpura de El Cairo

…iré a los cines (por supuesto, solo)
Armando Rojas Guardia

A las nueve en punto de la noche
de un martes, las anchas

avenidas y los bulevares
continúan a pesar de ti.

Adentro, en la penumbra,
la Kinski ha vuelto
a cambiar de rostro mientras oye
una voz detrás del espejo.

Frances Farmer no doblega su espíritu
ante la hipocresía de su tiempo
y Sophie decide dormirse nuevamente
sobre el pecho de su amante,
mientras escucha, alejada, el poema
de los abrazados bajo tierra.

Siempre habrá una segunda vez
para saborear el chocolate
mientras vea esas películas.

Y una noche de esas
(no importa cuál, yo no la busco)
te dejaré sentada para siempre
en cualquier butaca de la sala.


Nota a pie de página

Cada día uno bebe,
sueña y se alimenta

sin poner en duda
lo extraño de esos hábitos.

Salimos de casa
remedando a Odiseo,
la nimiedad de sus astucias.

En cualquier pasillo
se saluda a sabios
maestros de Literatura.

Los domingos espero tu carta.

Es mi cuerpo,
es mi cuerpo el que tarda en olvidarte.


Último cuerpo

Sentado en un banco de la plaza
he buscado tu nombre en los anuncios.

El empleo, una habitación con entrada
independiente.

La primera plana repite la
noticia: mis amigos se van
para Crimea a fundar el reino.

En las páginas de sucesos
un maníaco nocturno entra en las casas
y la gente sabe que es así
porque pisotea las sábanas.

Esperar es todo lo que puedo
mientras miro retozar a las palomas
y con Saulo de Tarso, otro andariego,
intento resolver el crucigrama.


Arte poética

Tómame de las muñecas,

llévame lejos.

Muy lejos.

Donde no sea preciso
tener comercio con los hombres.

Al candor de lo amargo.

Si vieras el bullicio de estos
ciudadanos. La candileja de
las parábolas. El acoso,
los trámites de la oficina.

Aparta de mí este cáliz
que nada promete.


Adiós

La tierra extraña, la separación, es la
suerte del andariego.
Hexagrama 56

Ha terminado el tiempo del acuerdo,
otro canto de sirenas me seduce.

Marcho al encuentro de la Montaña
donde espera la verde rama del olivo.

Aprendo a coser el botón de mis camisas.

Conozco el sendero de la aguja,
la justa sazón en la cocina.

Con distintos nombres rondará el deseo,
la hembra de la noche mordiendo mi boca.

Gracias al olvido edificaré este mundo.

Ahora se abre
una ventana de emergencia.


Códice para dedicatorias

Entre los trópicos
a Yolanda Pantin.

Nairobi, 1913
a Laura Antillano.

Manuscrito hallado en el puerto de Nápoles
a Armando Rojas Guardia.

Calle Campo Elías, número 85
a Blanca Sánchez.

Paso a nivel
a Orlando Chirinos.

As de pica
a Pablo Acosta.

Otra manera de hablar sobre la muerte
a Nancy Noguera.

Ultimo cuerpo
a Cristina Rojas y Argenis Pareles.

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