Un idioma que nos une y nos separa


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Al principio, este texto quiso ser una reflexión acerca de las prácticas lingüísticas del español desde ambos lados del Atlántico, como expresión particular de esa forma de exilio que vivimos en nuestro continente desde donde los europeos, tal y como dice Neruda, se llevaron el oro y nos dejaron el oro… se llevaron todo y nos dejaron todo… nos dejaron las palabras.Terminó siendo un extenso monólogo sobre esos asuntos así como la expresión de algunas consideraciones acerca del eufemismo como forma de dominación política y cultural que derivaron, Dios sabrá cómo y por qué, con una meditación acerca del oficio de los poetas en estos tiempos que tanto se parecen a una película de Federico Fellini con guión de Kafka y música de Enrique Santos Discépolo. Dios tiene sus misterios. Es trabajo del hombre descifrarlos.

Creo que fue Bernard Shaw quien declaró en una oportunidad que Inglaterra y Estados Unidos eran dos países separados por un idioma común. Lo que decía en el fondo era que esos países estaban alejados por sus maneras de ver el mundo, como consecuencia de sus respectivas costumbres idiomáticas que, aun teniendo la misma raíz, se había diversificado gracias a la historia colectiva de cada nación. El español (o castellano, depende de cuál lado del charco nos encontremos) no escapa de esa dinámica. La historia de nuestra cultura y, por supuesto, de nuestra la literatura americana es la búsqueda de respuestas a una cíclica pregunta: ¿cómo nombramos nuestra realidad con una lengua de origen europeo?

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Teoría y práctica del lugar común


 

 

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El lugar común no es sólo un problema de la literatura. También lo es del habla cotidiana, donde es una muestra de la lexicalización de los vocablos, entendida como el proceso de circulación de palabras y giros que lentamente pierden su aura semántica.

El vocablo mareo procede del vaivén del mar, de dónde la sensación de malestar y náuseas que provoca ese movimiento. De allí pasó a convertirse en el verbo marear, que termina significando el acto de sentir la misma sensación pero en tierra firme. Algo similar ocurre con los lugares comunes, pues debido a esa lexicalización, pasaron a perder su aura semántica original. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando decimos que algo es kafkiano; o cuando pasamos a definir al país como un Macondo. Ya la fuerza significativa se ha perdido por el uso. Vivimos todo el día repitiendo lugares comunes, muchos de ellos aún con su fuerza representativa, otras no. El habla cotidiana los usa sin distingos con la única intención de comunicarnos con facilidad.

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Vuelta a la Patria. Juan A. Pérez Bonalde


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Juan Antonio Pérez Bonalde

A mi hermana Elodia

I

¡Tierra!, grita en la proa el navegante
y confusa y distante,
una línea indecisa
entre brumas y ondas se divisa;
poco a poco del seno
destacándose va del horizonte,
sobre el éter sereno,
la cumbre azul de un monte;
y así como el bajel se va acercando,
va extendiéndose el cerro
y unas formas extrañas va tomando;
formas que he visto cuando
soñaba con la dicha en mi destierro.
Ya la vista columbra
las riberas bordadas de palmares
y una brisa cargada con la esencia
de violetas silvestres y azahares,
en mi memoria alumbra
el recuerdo feliz de mi inocencia,
cuando pobre de años y pesares,
y rico de ilusiones y alegría,
bajo las palmas retozar solía
oyendo el arrullar de las palomas,
bebiendo luz y respirando aromas.
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Vuelta a la patria


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Las líneas que siguen intentan ser una reflexión en voz alta acerca de las circunstancias que enfrentamos –en medio del fragor de estos días terribles que nos ha tocado vivir– los poetas pertenecientes a la generación de los años ochenta en Venezuela, tanto en el territorio del ejercicio de la ciudadanía como en el campo de lo que ha convenido en llamarse el compromiso de los escritores. Al confesar esto, me es necesario aclarar que este intento excluye toda intención de normativa moral que atienda lo que semántica e históricamente se ha entendido como compromiso. Está lejos de mi intención el asumir un papel fiscalizador acerca de deberes y derechos. Se trata más bien de compartir mi preocupación acerca de algunos abismos. Propongo, en resumidas cuentas, una discusión abierta acerca de los logros del período y del avance en el terreno de la independencia del campo intelectual, lo cual busca poner en el tapete la antigua discusión acerca del carácter de voz de la tribu que tiene el poeta, concepto que cierta tradición ha puesto en boga desde hace ya algunas décadas y que me ha servido de punto de partida para ubicar mi oficio en las circunstancias actuales. Sigue leyendo

Enderezar la modernidad


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(El grito. Eduard Munch)

a Ibsen Martínez

Cuando cierta vanguardia narrativa venezolana, entre pasillos universitarios y la Calle Lincoln, decidió que el Meneses del Falso cuaderno y de La mano junto al muro nos pusiese al día con la modernidad (entendida en términos europeos), nunca comprendió que tal proceso, como lo señala Perry Anderson, estuvo marcado en el viejo continente de comienzos del siglo XX por el cruce y la convivencia de tres factores irreconciliables: un pasado clásico todavía usable y narrable, un presente técnico e industrial todavía indeterminado, que sellaba definitivamente las puertas al escritor, expulsándolo de la corte del príncipe, y un futuro político todavía imprevisible, signado por las grandes rebeliones populares.
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Los heterónimos de Rafael Cadenas


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Rafael Cadenas ha publicado sus traducciones de la mano de Bid & Co Editor. Recoge libros ya editados (Poemas, de David H. Lawrence, Diario de Nijinsky y Conversaciones de Walt Whitman), una selección de poemas de Cavafy, Segalen, Graves y Creeley, así como de once poetas de Polonia y algunos textos inéditos acerca del zen. El taller de al lado (pocas veces un título tan exacto) muestra las correspondencias entre las traducciones y su obra central y más conocida.

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Poesía, poder y utopía


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Muchas son las cosas que le debemos a Platón. La prolongada discusión acerca de la belleza, el sustrato filosófico del discurso amoroso, las maquinaciones contra la sociedad abierta de las que habla Karl Popper(1) y la invención de Sócrates, el primer personaje novelesco. Pero entre los temas que nos refieren sus obras, hay dos fundamentales que todavía nos ocupan: el asunto de las difíciles relaciones del escritor con el Poder y el asunto de la Utopía.

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