Eleonora Requena en busca del sobrenombre


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El poema de amor es, después de los sospechosos triunfos de la modernidad, objeto de implacables embestidas por parte de quienes asumen que la llamada crisis del sujeto la determina y se convierte en su constante principal. La narración del yo moderno desplazó hacia sus márgenes el asunto amoroso, en tanto pretendida expresión de la plena subjetividad. Mientras en el mundo premoderno, el sujeto es algo construido, dado y heredado, en la modernidad es algo que se construye en un eterno presente que conduce a la muerte. Por consiguiente, el decir amoroso en nuestros tiempos es canto de cisne por ser canto desde la anulación: el sujeto que desea y busca (el Amante en pos del Amado, el más acudido de los tópicos literarios) es siempre fragmentario, huidizo y en presente construcción.

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cuando la arcadia queda en caruao


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A mediados del año 1992 leí por vez primera un libro de María Ysabel Novillo. Hablamos de su poemario Metálica virtud, el cual obtuvo ese año el premio de poesía Casa de la Cultura de Maracay y fue publicado en su momento por la Secretaría de Cultura del Estado Aragua. Los miembros del jurado centramos desde el principio la mirada en ese extraño libro que ya desde el título nos anunciaba un sabor a entidad antigua, a circunstancias que nos hablaba de ciencias y saberes milenarios tan propios de la tradición de Occidente. En este poemario está el germen de lo que luego se ha convertido en diana vital de la obra de Novillo, expresada también en su libro posterior, Poemas peregrinos (Mérida, 2005) y que adviene diestra y segura en este nuevo título suyo, publicado en la colección Poesis de bid&co y que lleva por título Memoria del Caballero de la Isla.

Este poemario vuelve a poner de relieve esa antigua tradición del libro como metáfora de viajes y anotaciones. En este caso, se trata tanto de una peregrinación geográfica como espiritual, en donde es comprensible que el hablante se esconda en el uso de la máscara para facilitarle al lector la debida y necesaria identificación. El juego que propone su lectura es asaz atrevido: colocar en un mismo plano narrativo tradiciones culturales de diversas procedencias históricas y espaciales: la judería de Toledo y el Rosh Hashaná, la batalla del día de San Crispín en Agincourt, contada por William Shakespeare en La vida del rey Enrique V, la sesgada referencia a Santiago de Compostela y la noticia directa acerca de Jerusalén –puntos extremos de las peregrinaciones cristianas medievales–, las citas del Libro de las Mutaciones, la presencia de la mitología griega y –hermoso detalle– la descripción de las bucólicas aguas de unos manantiales en Caruao. El personaje, el yo poético, resulta ser un arquetípico caballero, probablemente cómplice de alguna de las múltiples cofradías de los Templarios o de alguna otra orden  extinta, que intenta regresar al Uno, a la Unidad Perfecta con lo que viene de la Luz, que está siempre por encima de nosotros, en los terrenos más puros de la Arcadia, en la cima de una loma, donde Este alto cielo es alto porque es dentro/ y más dentro, más alto/ y dentro de cada alma un núcleo como el sol/ inmóvil, sin mudanza. En la Arcadia, toda labor y todo esfuerzo es innecesario, en virtud de su característica principal, el de ser el locus amenus del que una extensa tradición nos habla desde la Edad Media hasta el Renacimiento y que se convirtió, quién lo duda, en el sustrato literario de gran parte de nuestras ritualidades cultas, expresada en los libros de Caballería y que, junto al neoplatónico amor cortés de Provenza, es uno de los tópicos más queridos por la literatura.

Y he aquí el otro aspecto fundamental de este libro, su inscripción en la tradición del amor cortés, que se distingue por la ocultación del nombre de la Amada, por la sumisión absoluta del Amante, así como por la transfiguración religiosa del amor, convirtiéndolo en vivencia de un estado de gracia permanente. Esa transfiguración religiosa, en el caso de este poemario, toma elementos tanto de la tradición cristiana y de experiencias monoteístas que le son afines, así como de la tradición pagana y de ciertas sabidurías relacionadas con lo oculto:

El cuerpo del jinete es una trinidad./ Poderosa cohesión.// De su cabeza al torso, la perfección solar/ Inteligencia. Corazón sin agravios./ Médulas de la luz en la garganta./ Obras de milagro/ delegadas al temple de sus manos.// De las rodillas hasta los pies, el avance./ El precio y el premio de los estribos./ Firmeza y humildad del fundamento./ La forma de pisar en el mundo.// Y una zona intermedia, transmisora de fuego/ nunca fría ni estéril// –las entrañas viriles/ los muslos y caderas–// que debe permanecer firme/ de cristal puro/ presionando los flancos del caballo. // En peligro, constancia,/ de muy sagrado: // Ser plomada del cuerpo/ que evite// las caídas.

Libro original y extraño donde los hubiera, que invita a desentrañar la claves subterráneas, El Caballero de la Isla nos propone el viaje al centro de uno mismo en clave de amor cortés. En el devenir literario de María Ysabel Novillo, constituye una suerte de continuidad en lo permanente y se inscribe en una tradición poética de Venezuela que intuye al amor como experiencia espiritual deslastrada de toda carnalidad, y que se propone a sí misma como camino y llave de entrada al posible retorno al Paraíso. La salvación no está en el futuro, si no en el regreso, en el retorno hacia el pasado y en el viaje hacia el fondo. El amor es concebido como continuidad de la tradición que se inicia en El Banquete de Platón, y que acá es un viaje geográfico donde Todo es igual para la Luz.

El azar lanza a veces sus dados con albricias. Es importante señalar que esta presentación coincide con las vísperas de la celebración judía del Rosh Hashaná. Compartamos, entonces, la escudilla, la sal, el cordero y las pasas del año nuevo de septiembre que nos trae este Caballero de la Isla.

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heberto padilla: cuarenta años fuera de juego


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En el más cristiano de los mundos
los poetas son judíos

MARINA TSVIETÁIEVA

para Rubén Ackerman

Las matemáticas se han convertido en la ciencia más recurrida por el discurso oficial en los últimos años Vale estar a tono con tal circunstancia y declarar que, si hoy estamos en 2008, suponemos que hace cuarenta estuvimos en 1968, es decir, en el año de los grandes giros históricos del siglo pasado en Occidente. Son los tiempos del Mayo Francés y de Daniel Cohn-Bendit, de las consignas Soy un marxista de la tendencia de Groucho y Prohibido prohibir. Es el año de la Primavera de Praga y del Socialismo con rostro humano de Alexander Dub?ek cuando, en nombre del internacionalismo proletario y del materialismo histórico, los soviéticos lo deportaron mientras permanecían veintitrés años en Checoslovaquia como lo que siempre fueron: un vulgar ejército de ocupación. El socialismo logra sobrevivir dos décadas más, gracias a la solidaria intervención de los ejércitos del Tratado de Varsovia. De allí proviene el libro Checoslovaquia: el socialismo como problema, de Teodoro Petkoff y el nacimiento del Movimiento Al Socialismo, el MAS de mis tormentos del que habla Cabrujas. Es el año de la matanza de Tlatelolco, de las Olimpíadas de la Paz en México. La juventud del mundo protesta obstinadamente contra la guerra de Vietnam, Robert Kennedy es asesinado en Los Ángeles y Martin Luther King en Memphis. Cada una de estas efemérides daría suficiente material para una crónica. Cualquiera puede ubicarse en el inicio de las grandes caídas de los cristos del alma de nuestra generación. Pero 1968 es también el año de las rupturas intelectuales y afectivas en nuestro continente, marcadas por la aparición del poemario Fuera de juego, de [tag]Heberto Padilla[/tag].
Nacido en Puerta del Golpe (Pinar del Río) en 1932, Padilla estudió periodismo en La Habana. Dominaba varios idiomas y trabajó como profesor de inglés y comentarista radial en Miami entre 1956 y 1959. Ese año regresa a Cuba. Se desempeña como corresponsal de Prensa Latina en Londres y del Pravda, colaborando además en el órgano oficial de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). También ocupó un cargo en el Departamento de Extensión de la Universidad de La Habana. Luego de los incidentes derivados de la aparición de Fuera de juego, mantuvo su puesto en la universidad hasta 1971, cuando es detenido por «actividades subversivas», luego de la lectura en la UNEAC de su más reciente libro, Provocaciones. Un grupo de intelectuales (Sartre, la Beauvoir, Moravia, Sontag, Vargas Llosa, Fuentes, Paz, Goytisolo y Margarite Duras, entre otros) reacciona contra la detención y es liberado junto a Belkis Cuza Malé, su esposa. En esos mismos días, el previsible y perruno Mario Benedetti, quien luego dirigiría la Casa de las Américas, criticó a quienes defendían a Padilla, argumentando que a ellos nunca le interesó la suerte de los escritores e intelectuales latinoamericanos presos y torturados meses enteros. Padilla es separado de sus cargos y enviado como traductor a la Editorial Arte y Literatura. Luego de una serie de incidentes, el gobierno de Cuba le permite salir del país con rumbo a los Estados Unidos, el 16 de marzo de 1980. Murió el 26 de septiembre de 2000, en su habitación de la Universidad de Auburn State (Alabama), donde dictaba clases de literatura.

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Elizabeth Schön


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Foto: Alfredo Cortina

A Elizabeth la conocí en verdad hace pocos años, durante la presentación de un libro en la extinta Feria de Caracas. ¿Podría repetir acá el lugar común de los modestos dones encarnados en su presencia menuda? Creo que sí. Sus ojos clarísimos como el río que ha amado, sus manos de niña, su habla respetuosa, son los detalles que se engastan en la memoria. Luego nos vimos varias veces, y siempre tuve la impresión de hablar con una caraqueña de las que ya no existen, ataviada de modestias y de gracias, la encarnación más pura de una foto en sepia de cualquier esquina céntrica de una ciudad que ciertamente existió alguna vez y que ahora disfruta mientras nos devora.

No sé cómo decir esto. Hace algunos días, recién el domingo 13 de mayo, hablé con Edgar Vidaurre (quien se ha convertido en su minucioso editor) para pedirle algunos libros de Elizabeth, pues preparamos una antología de poesía amorosa venezolana. Edgar me hizo llegar El barco, la flor y el alma y Visiones extraordinarias. De entre esos libros me tocó hacer la difícil selección. Cosas de la vida. Elizabeth, aunque figuraba desde el principio en mi visión de esa antología, fue la última en llegar pues me faltaban sus más recientes títulos.

La noche de ayer miércoles 16 de mayo, bajo el arrullo y el sopor de esta calurosa primavera venezolana, Elizabeth regresó al cielo que tanto ha cantado en su obra. Nos deja su poesía, su excelente poesía, quizás de las últimas absolutamente devotas de Platón que se ha de escribir en estas tierras y quizás en nuestra lengua. Buena oyente del sonido del idioma, nos deja también su música suave, tan suave como la profunda y clara mirada de sus ojos de niña.

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Heberto Padilla, fuera del juego


 

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Foto: Vasco Szinetar

Heberto Padilla, nació en Pinar del Río (Cuba) en 1932. En el proceso de la revolución cubana ocupó cargos directivos de importancia, principalmente en el área de las relaciones diplomáticas y en el contacto con innumerables intelectuales en el mundo.

 

En 1967 se convirtió en el centro de una polémica ideológica. No obstante, al año siguiente obtuvo el Premio Nacional de Poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro Fuera del juego. La obtención de este galardón da comienzo a las dificultades de Padilla. Mientras el jurado saludaba su fuerza y sentido revolucionarios, el comité Director de la UNEAC estimaba que el libro, por crítico y polémico, era “contrarrevolucionario” y condenaba su “contenido ideológico”. Fuera del Juego se publicó con ambas declaraciones antecediendo al texto. En 1971, Padilla fue encarcelado junto con su esposa, la poetisa y escritora Belkis Cuza Malé, acusados por el Departamento de Seguridad del Estado de “actividades subversivas”.

 

Merced a la presión de intelectuales tales como Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia y Mario Vargas Llosa, fue liberado y en 1980 autorizado a abandonar su país. Ese mismo año concluyó su novela En mi jardín pastan los héroes, que fue traducida a siete idiomas.

 

Falleció en Estados Unidos en septiembre de 2000.

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EN TIEMPOS DIFÍCILES

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.

Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.

Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?

Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.

Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
ésta es, sin duda, la prueba decisiva.

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Maracay desde el margen. La poesía de Erasmo Fernández


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A medio camino entre pueblo y ciudad, odiada por sus modernos gobernantes, Maracay se despereza en la madrugada de este milenio. Fundada, en puridad, a comienzos del siglo XX por Juan Vicente Gómez, ha venido abandonando lentamente su condición pueblerina para convertirse en una ciudad moderna. Así lo atestiguan sus múltiples edificios monumentales y los que ahora devoran la avenida Bolívar y las urbanizaciones localizadas al Norte. Así lo afirma su desesperado tráfico en las intersecciones de la Casanova Godoy con Sucre y Las Delicias durante las horas pico. Ya se habla de la Gran Maracay para referirse a una zona metropolitana que extiende sus dominios desde San Vicente hasta Turmero y desde el Parque Henri Pittier a Santa Rita y Palo Negro.

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Toledana: el castellano de antes


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Una de las reflexiones fundamentales que se gestaron a comienzos de los ochenta, acerca de los posibles nortes y características de la poesía venezolana, colocó en la mesa de discusión su relación con otras modernidades literarias. Por ejemplo, el Grupo Tráfico intentó cancelar , por la vía declarativa, el visible vínculo de gran parte de nuestras poéticas con la literatura francesa y alemana. Todo ello (manifiesto dixit) en pos de una expresión que estuviese más cerca de lo Hispanoamericano, así en mayúsculas. Sigue leyendo

Freddy Hernández Álvarez. El ardid del almirante.


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  • Caracas, Monte Ávila Editores, 2006.

Como todos sabemos, la metáfora más querida por la literatura (y en particular de la novela) es la del viaje. La imagen de Ulises (o en su versión árabe de Simbad, el marino) podemos encontrarla a cada paso, pues hasta la vida común de un ciudadano es un desplazamiento cotidiano hacia lo azaroso y lo desconocido, como bien supo decirlo el ilegible James Joyce. No hay escritor que no evoque su viaje a su personal Ítaca (real o imaginaria), para poner en escena la fuerza de sus ríos subterráneos, que al final irán hacia la mar, que es el morir.

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Raúl Gómez Jattin. Amanecer en el Valle del Sinú. Antología poética.


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  • Selección y prólogo de Carlos Monsiváis Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2005.

Si alguna razón poderosa ha tenido la continua publicación de la poesía de Gómez Jattin, en consonancia con el incremento la cada vez mayor de los lectores que lo repasan con fervor, lo constituye el hecho de haberse convertido en uno de los últimos outsiders de la modernidad literaria en nuestro idioma, tanto en su vida personal como en la escritura que la recrea. Confinado por convicción propia a los espacios de la marginalidad social (marcada por su personal y expansiva heterodoxia sexual, su experiencia siquiátrica y su tormentosa y dulce afición a la droga y al alcohol), los textos de este original poeta colombiano tienen la particularidad de crear y recrear un personaje a quien sólo le deleita cantar a su condición de marginal y periférico, en lucha constante contra la sociedad que le rodea, con una voz marcada por la más infantil inocencia. Sigue leyendo

Hay un arte de anochecer



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Foto: Gregory Zambrano

Harry Almela

En alguna línea de Nombres propios, Víctor Valera Mora nos regala este verso luminoso e intrigante, que juega con una frase leída seguramente en El Aleph: Pepe Pepe Dionisius Pepe Dionisio Paolini Pepe atolondrado/ Pepe ganado para siempre soy yo el diablo. Habla, por supuesto, de nuestro Pepe, del atravesado por las banderas del delirio sosegado, el bienaventurado hijo de la copa de huesos de la Pandilla de Lautremont, en fin, del poeta José María Barroeta Paolini, natural de alguna nube sin bies ni escotes y venido al mundo en Pampanito, seguramente una noche de grandes tormentas celestes y terrestres, el año de Dios de 1942. Navegante a bolina de la modernidad poética venezolana, a medio camino entre la cólera de Baudelaire y la serenidad de Williams Carlos Williams, su voz y sus ojos inquietos han sabido descifrar el tránsito por esta tierra, entre heredades toscas y alquimias de la hermosura, sin dejarse enamorar por el fondo de los alcoholes citadinos, pues ha sido fiel a la tradición de todos sus paisajes.
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