auschwitz y nuestro tiempo


70 Aniversario de la Liberación de Auschwitz

auschwitz-birkenau

Auschwitz-Birkenau

Günther Anders pasa a la historia de la filosofía como un fascinante conservador preocupado por el avance y los peligros de lo que llamó el nihilismo tecnológico. Su pesimismo insufrible (la frase es de Hanna Arendt, de quien fue su primer esposo) le coadyuvó a elaborar una reflexión acerca del futuro de la humanidad cosificada y víctima de sus propios artefactos. Coincide así con su también maestro Martin Heidegger, quien concluye la célebre entrevista a la revista Spiegel, afirmando al respecto que ya sólo un Dios puede salvarnos. Anders (antes Günther Stern) repitió hasta el cansancio que la técnica subordina al hombre a su poder, sobre todo cuando hablamos del Poder Técnico del Estado, que trata a lo humano simplemente como número y mercancía. Cambiar el mundo no es suficiente; también hemos de conservarlo, decía. Con tales argumentos, oficializa el nacimiento de la llamada tecnoética y de su derivación más conocida, la biopolítica.

Es difícil entender Auschwitz sin la presencia de la técnica, puesta al servicio de la ferocidad que encarna el toponímico. Los aportes de la industria alemana al respecto, ilustran y oscurecen como ejemplo. Cuando lo humano deja de ser humano, cuando el Otro desaparece, la máquina ejecuta el sentido total de su presencia. La anulación del Otro y de su cuerpo, lo instala en el espacio de su desvanecimiento, de su conversión en homo sacer, de su transformación en ceniza y evaporación. Es sobre eso que trata el texto de Kafka, La colonia penitenciaria. Desde allí son explicables (y nunca justificables) las amables fotos de familia de los SS en sus risueñas casas en el lager. Tal aplastamiento del Otro explica (y no justifica) la respuesta a cómo una sociedad que produjo a grandes filósofos, escritores y músicos, llevó a poner en tela de juicio los llamados valores de la modernidad occidental y bajo ese dominio, la aniquilación de Lo Diferente. También revela cómo, en nombre de Lo Mismo, la divergencia es atacada, reducida a lo exiguo y excluida.

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de la dictadura a la democracia: un sistema conceptual para la liberación. gene sharp


Bajar aquí (PDF): De la Dictadura a la Democracia. Gene Sharp

Porque el tirano tiene poder de obrar sólo donde se carece de fuerza para resistir.

Una de mis mayores inquietudes durante muchos años ha sido cómo podría la gente evitar que una dictadura se estableciera y cómo destruirla. Esto se ha nutrido en parte por la convicción de que los seres humanos no deben ser ni dominados ni destruidos por semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con lecturas sobre la importancia de la libertad humana y la naturaleza de las dictaduras (desde Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo) y la historia de las dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y comunista).

A través de los años, he tenido la oportunidad de conocer personas que vivieron y padecieron bajo el régimen nazi, algunos inclusive que sobrevivieron los campos de concentración. En Noruega, encontré algunos que habían trabajado en la resistencia al régimen fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los que habían perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las garras de los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a salvarse.

Sobre el terror en los regímenes comunistas de los diversos países he sabido más por libros que por contactos personales. El terror en estos sistemas me ha parecido más agudo, ya que estos regímenes se impusieron en nombre de liberación de la opresión y de la explotación.

En décadas más recientes, la realidad acerca de las dictaduras de hoy se me ha hecho más patente por la visita de personas que vienen de países gobernados por dictaduras, tales como Panamá, Polonia, Chile, el Tíbet o Birmania. De los tibetanos que pelearon contra la agresión del régimen comunista chino, de los rusos que en agosto de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea dura, o de los trabajadores tailandeses que con prácticas noviolentas impidieron el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos de vista perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.

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teoría y práctica de la biopolítica


Esta saga la inicia Carl Schmitt. No es casual que su controversial crítica de la democracia liberal la emprendiera en 1921, a dos años de fundada la brumosa República de Weimar. Resumiéndolo en demasía, Schmitt plantea que el soberano es aquel que puede tomar la decisión de quién es el amigo y el enemigo, y declarar en consecuencia el estado de excepción. Considerado como el ideólogo jurídico del nazismo, termina publicando en 1963 su Teoría del Partisano, donde alaba a Lenin y a Mao como puntos de ebullición de su tesis acerca del enemigo absoluto.

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las cosas de la palabra


la lengua del tercer reich / viktor klemperer

Cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, George Orwell publica una novelita distópica que llevaría por título 1984, donde critica la aparición y el ascenso de la sociedad de masas, así como su descubrimiento, uso y abuso por parte del poder político, tanto totalitario como democrático. La gran contribución de este libro a la historia de la cultura es la descripción de la neolengua, idioma artificial que, según la crítica, le fue sugerida por el reciente ascenso y caída de Hitler y por la sombra aún viviente del estalinismo. En términos generales, la neolengua se fundamenta en la máxima reducción de los vocablos y de la gramática, lo que conlleva, necesariamente, a la pobreza mental y a la posibilidad de controlar la libertad humana por vía del ejercicio del panóptico, en la voz de su aterrador protagonista, el Gran Hermano.

Dos años antes, Viktor Klemperer (1881–1960) había dado a conocer su libro LTI (Lingua Tertii Imperii). Apuntes de un filólogo, un compendio de sus minuciosas memorias escritas como testigo de los abusos lingüísticos que le tocó vivir durante la Alemania nazi. La versión en castellano fue publicada en Barcelona por la Editorial Minúscula en 2001. Judío de origen y asimilado a la cultura alemana y a la religión protestante, Klemperer había venido desarrollando en teoría lo que ya Orwell sugirió en su espeluznante versión de la modernidad en Occidente, visión fantasmagórica que fue llevada al cine por Michael Radford.

Son varias las acotaciones que hace el autor acerca de LTI: su pobreza (qué otra cosa podía esperarse de su ideólogo e inspirador, Mein Kampf), el eufemismo, la proliferación de siglas, el cambio de sustantivos, tanto propios como comunes, en la vida cotidiana;  el uso de las llamadas comillas irónicas, la anulación de la presencia del otro por la vía del discurso o, en el más humano de los casos, su deshonra (judío equivale a cerdo, culpable, enemigo), anulación y deshonra que abriría paso, como sabemos, a la Shoá. En este punto, la bibliografía y filmografía es extensa y prolija.

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una nota acerca de las interpelaciones


Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega… todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido —y seguirá siéndolo durante miles de años— de parar el curso de la Historia.

Del libro ficiticio Teoría y práctica del colectivismo oligárquico, de Emmanuel Goldstein.

Tomado de la novela 1984, de Orson Wells.

ruéganos, señor./ estamos cerca.


Harry Almela

Para Miriam Harrar y Rubén Ackerman, mis dos caras de esta moneda.

Debió ser difícil para Nelly Sachs y Paul Celan soportar y convivir con la frase de Heidegger, el lenguaje es la morada del Ser. Debió ser complicado entender que era un difícil compañero de ruta. El filósofo de la aldea, que vivió años en una cabaña de Selva Negra, nunca pudo explicar satisfactoriamente su afiliación al NSDAP, ni el haber aceptado la rectoría de la Universidad de Friburgo, ni su admiración por las pulcras manos de Adolf Hitler, el Drácula en el sótano del que habla Carl Amery. Debió ser complicado aceptar como maestro a un pensador para quien la ética nunca fue preocupación. Como lo asoma George Steiner, el largo silencio de Heidegger sobre sus posturas entre 1933 y 1945, es el argumento más completo que tenemos sobre la ontología, sobre la facticidad de lo existencial. Pero no contiene ni implica alguna ética. La cumbre de la filosofía del siglo xx rechazó cualquier intento de derivar hacia una ética, salvo en sus reflexiones acerca de la tecnología, donde concluye que el olvido del Ser es el origen de todo desarraigo.

el refugiado, 1939, felix nussbaumEl refugiado, Felix Nussbaum, 1939

(tomado de Yad Vashem)

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la colonia penitenciaria / franz kafka


m. c. escher / relatividad

 

-Es un aparato singular -dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido. El explorador parecía haber aceptado sólo por cortesía la invitación del comandante para presenciar la ejecución de un soldado condenado por desobediencia e insulto hacia sus superiores. En la colonia penitenciaria no era tampoco muy grande el interés suscitado por esta ejecución. Por lo menos en ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, sólo se encontraban, además del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto estúpido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado que sostenía la pesada cadena donde convergían las cadenitas que retenían al condenado por los tobillos y las muñecas, así como por el cuello, y que estaban unidas entre sí mediante cadenas secundarias. De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso, que al parecer hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el momento de la ejecución.

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Paradigmas del Totalitarismo: Nacionalsocialismo y Comunismo


hannah arendt

Friedrich Welsch[*]

¿Amenaza totalitaria hoy?

En marzo de 2006, en el contexto de las reacciones a la publicación de ca­ricaturas del Profeta Mahoma por un periódico regional danés, una do­cena de intelectuales, entre ellos el escritor británico-hindú Salman Rushdie y el filósofo francés Bernard-Henri Levy, firmaron una declaración ti­tulada Juntos contra el nuevo totalitarismo, que se publicó en el semanario sa­tírico francés “Charlie Hebdo” y se conoce como “Manifiesto de los doce”. El manifiesto comienza diciendo:

Vencidos el fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo enfrenta una nueva amenaza totalitaria a escala global, a saber, el islamismo. Nosotros, es­critores, periodistas e intelectuales, hacemos un llamado a la resistencia contra el totalitarismo religioso y por la promoción de la libertad, igualdad de oportuni­dades y el laicismo. … Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre del miedo y la frustración, sentimientos a los que apuestan los predicadores del odio para lograr que sus batallones impongan un mundo negador de la libertad e igualdad. Pero nosotros insistimos con claridad en que nada, ni siquiera la des­esperación, justifica el embrutecimiento de las masas, el totalitarismo y el odio.

Este manifiesto invita a hacer algunas reflexiones (v. Misk, 2006):

– El término “totalitarismo” no debería ser devaluado a etiqueta de lucha política, como ocurre en la cita anterior, sino reservarse como categoría analítica del estudio de los regímenes políticos. En su clásica obra Los orígenes del to­talitarismo, Hannah Arendt sostiene la misma posición aconsejando el uso cuidadoso y prudente del concepto pues Si es cierto que en las fases culminan­tes del totalitarismo aparece el mal absoluto -absoluto porque ya no puede ser de­rivado de motivaciones humanamente comprensibles- entonces también es cierto que sin él no habríamos conocido nunca la naturaleza auténticamente radical del Mal. (Arendt, 1951: xxvii, trad. F.W.). Espero contribuir al uso cuidadoso y pru­dente del concepto del totalitarismo con estas reflexiones.

– Los doce escritores e intelectuales firmantes primarios del manifiesto -muchos más se han sumado desde su publicación- tienden a diluir la dife­rencia entre régimen totalitario y movimiento totalitario que establece Hannah Arendt (1951: 432, trad. F.W.): Ni el nacionalsocialismo ni el bolchevismo jamás proclamaron una forma de gobierno ni afirmaron que con la captura del poder y el control de la maquinaria del Estado habían alcanzado sus metasLa captura del poder… en cualquier país es sólo una fase transitoria… simplemente no existe ninguna meta política que constituiría el fin del movimiento. Identificar gené­ricamente al islamismo como régimen totalitario no es aceptable porque no todos los gobernantes islamistas sujetan a sus respectivas sociedades a la domi­nación total característica del totalitarismo. Pero las manifestaciones más radi­cales, fundamentalistas y dogmáticas del islamismo comparten con los movimientos totalitarios del siglo pasado su odio contra el modernismo liberal y los valores occidentales en general, sus inclinaciones terroristas, su antisemi­tismo, su culto de la muerte y su teleología de un Apocalipsis purificador que engendraría al hombre y mundo nuevos (Bennan, 2004).

– Hannah Arendt identifica la ideología y el terror nazi como esencia del totali­tarismo: Las ideologías son opiniones inocuas, acríticas y arbitrarias sólo mientras no se cree seriamente en ellas. Una vez que su reclamo di validez total es aceptado en forma literal, se convierten en núcleos de sistemas lógicos en los que. al igual que en los sistemas de paranoicos, todo se sigue de manera comprensible e incluso com­pulsiva cuando se haya aceptado su primera premisa. La locura de estos sistemas no radica solamente en su primera premisa, sino en la misma lógica con que están cons­truidos. La curiosa lógica de todos los ismos, su simplista confianza en el valor sal­vador de la devoción obstinada sin tener en cuenta factores específicos y variables, ya contiene los gérmenes del desdén totalitario por la realidad y facticidad. (1951:589s., trad. F.W.). Forma parte de la naturaleza de políticas ideológicas -y no se trata simplemente de un engaño en función del interés propio o afán de poder- que el contenido real de la ideología (la clase obrera o los pueblos germáni­cos que generó originalmente la “idea” (la lucha de clases como ley de la historia o la lucha de razas como ley de la naturaleza) es devorada por la lógica con que la “idea” se pone en práctica. (1951:608s., trad. F.W.). El terror total, la esencia del gobierno totalitario, no existe ni a favor ni en con­tra de la gente. Se supone que provee a las fuerzas de la naturaleza o historia un ins­trumento incomparable para acelerar su movimiento. (1951: 600s., trad. F.W.).

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mutatis mutandi


embudo

Definición de germanófilo
Jorge Luis Borges. Revista «El Hogar». 13 de diciembre, 1940.

Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Shopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor «germanófilo» apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

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