un poema de margalit matitiahu


Antes de arivar a Saloniqui

Antes de la partensia al portal de tu chiques
Vine madre mia
A batir enriva la piedra de tu kasa eternel
Y desirte que me vo
Ande se krio tu alma
Ande tu padre planto en ti simiente de poezia.
Me aserko de tu sufriensa kayada
I de las piedras ke no tienen luz
Ma todo no fue en vano
Vo a murmurear en tu oreja de tierra.

Antes de llegar a Salónica

Antes de mi viaje al portal de tu niñez
Vine madre mía
A golpear sobre la piedra de tu casa eterna
Y decirte que me voy
A donde se creó tu alma
Donde tu padre plantó en ti simiente de poesía
Me acerco a tu sufrimiento callado
Y a las piedras que no tienen luz
Pero no todo fue en vano
Voy a murmurar en tu oreja de tierra.

Del libro Kurtijio Kemado. Versión de H.A.

Margalit Matitiahu

Margalit Matitiahu

Nacida en Tel Aviv, hija de padres provenientes del exilio en Salónica y cuyos ancestros más remotos fueron expulsados de León (España) en 1492. Licenciada en Literatura Hebrea y Filosofía por la Universidad Bar Ilán. Su obra la desarrolla tanto en hebreo como en ladino. En esta lengua ha publicado los siguientes poemarios: Kurtijio kemado (1987), Alegrika (1992), Matriz de luz (1997), Vela de la luz (1997), Kamino de tormento (2000), Bozes en la Shara (2001), Vagabondo eternel (2001), Despertar el selencio (2004); Asiguiendo al esfuenio (2005) y Cantón de solombra (2005).

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cuatro poetas de origen judío


Edmond Jabès y el Rostro del Otro


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Nacido en ElCairo el 16 de abril de 1912 en el seno de una familia judía proveniente de Italia, Edmond Jabès tuvo una rigurosa formación en lengua francesa. Viaja a Paris en 1930 y, aunque nunca fue miembro del grupo, se relaciona con los surrealistas en pleno apogeo, entre ellos con Max Jacob. En 1957, con la expulsión de los judíos estimulada por la revolución de Gammal Abdel Nasser, se radica definitivamente en Paris y adopta la nacionalidad francesa en 1967. Allí fallece el 2 de enero de 1991.

Sus primeros libros, reeditados por Gallimard (1959) bajo el título Je bâtis ma demeure. Poèmes 1943-1957 (Construyo mi morada, en su edición castellana en El Umbral. La Arena, 2005), acusan la intensa presencia del surrealismo, esa dicción romántica y postrera contra la racionalidad moderna. Nada extraño para un poeta que vivió parte de su vida en los márgenes de la cultura francesa. Pero hacer una obra en esa lengua en El Cairo es algo muy distinto a intentarlo en la metrópoli. Escribir sobre su experiencia cotidiana desde la periferia, en el idioma del centro cultural, es un acto que no supone ningún albur. El verdadero riesgo de Jabès, que le esperaba en Paris, consistía en transcribir a su dialecto la experiencia de sus propios márgenes geográficos y culturales. El año de su arribo a la gran ciudad, comienza a asumir su condición de judío exiliado, retomando los grandes temas de su tradición: el Desierto, la Palabra, el Libro. Tal viraje debió haber sido toda una odisea. Pasar de la imagen, tan cara al surrealismo, a la escucha, resultó de seguro un doloroso proceso. Pero era necesario. La imagen no es precisamente un bien en la tradición judía. La escucha, sí.

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la peligrosa ironía. diómedes cordero


Se podría caer en la tentación de asociar Silva a las desventuras en la zona sórdida (Caracas: La Cámara Escrita, 2011), de Harry Almela, con una posible escritura paródica de Silva a la agricultura de la zona tórrida, de Andrés Bello. La sustitución del sustantivo agricultura por desventuras cambia la idea del cultivo de la tierra por la idea de aflicción y tristeza, y la del adjetivo tórrida por sórdida la de la cualidad ardiente del trópico por la de impureza y suciedad; y la sustitución, aparentemente leve, pero significativa, de las preposiciones: de por en, que cambia la idea de pertenencia por la de lugar; remitirían a la posibilidad de una poética de carácter ridículo o cómico o grotesco como resultado de la operación paródica de lo serio.

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silva a las desventuras en la zona sórdida / alberto hernández


Crónicas del Olvido
SILVA A LAS DESVENTURAS EN LA ZONA SÓRDIDA
Alberto Hernández
1.-
En algún lugar de la desmemoria colectiva, Andrés Bello se pregunta con tropical insistencia: ¿Por qué ilusión funesta/ aquellos que fortuna hizo señores/ de tan dichosa tierra y pingüe y varia, / el cuidado abandonan/ y a la fe mercenaria/ las patrias heredades, / y en el ciego tumulto se aprisiona/ a míseras ciudades, / de la ambición proterva/ sopla la llama de civiles bandos, / o al patriotismo la desidia enerva…? En algún sitio del olvido han quedado estos sonidos, este instante cuando el viejo autor, derrotado por tanto ruido, se marchó a otros espacios geográficos.
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cuando el mundo se llama celanova


A Gumersindo Reza y Julio Prado

De las muchas expresiones culturales que testimoniaron la profunda y dolorosa herida que dejó la guerra civil de España, quizás la poesía haya sido la más estudiada. Y con toda razón. Más allá de la conocida querella política y estética entre la revista republicana Espadaña (1944-1951) y la nacionalista Garcilaso (1943-1946), la muy profusa bibliografía sobre el tema pone de relieve la preocupación de la academia y de la intelectualidad ibérica, no sólo acerca de las formas literarias que fueron, regresaron o se extinguieron luego de la última gran eclosión propiciada por la Generación del 27. También viene a colocar en el escenario lo evidente: que la poesía es más que un artefacto hermoso, cuando son favorables los astros. También es, y sobre todo, un documento histórico. Palabras más, palabras menos, así lo expresaba José Hierro (1922-2002), en la Antología consultada de la joven poesía española de Francisco Ribes (1952): Si algún poema mío es leído por casualidad dentro de cien años, no lo será por su valor poético, sino por su valor documental.
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una lectura de tomas tranströmer


Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011

Nacido en Estocolmo el 15 de abril de 1931, Tomas Tranströmer es hoy en día uno de los poetas más leídos y traducidos donde los haya. Desde hace años, se cita constantemente su nombre para el premio que concede su país natal. En nuestro idioma, su obra es conocida gracias al trabajo, entre otros, del poeta uruguayo Roberto Mascaró, quien ahora entrega en bid & co. Editor  sus versiones de esta particular poesía en un volumen clave que invita a continuar conociendo en español la intensa obra de Tranströmer. Acá se reúnen y actualizan las versiones de Mascaró contenidas en Para vivos y muertos (Madrid, Hiperión, 1992); Góndola fúnebre (Concepción, Ediciones Literatura Americana Reunida, 2000) y 29 jaicus y otros poemas (Montevideo, Ediciones Imaginarias, 2003, bilingüe), a las que se agregan ahora un poema inédito («La Casa del Dolor de Cabeza», del libro Para vivos y muertos) y el esclarecedor e importante Visión de la memoria, textos autobiográficos publicados en 1996.

Resulta complicado y siempre un reto hablar de la obra de un poeta proveniente de otra lengua. Se sabe que la musicalidad y los giros idiomáticos que refieren espacios y hechos culturales suelen modificarse en el ejercicio de la traducción, cuando sobreviven. Debemos confiar en la buena fe de quienes realizan esta ardua labor de poner en nueva clave la poesía de otras tradiciones lingüísticas. Superado este escollo, nos interesa ahora puntualizar algunos aspectos de este libro que han llamado centralmente nuestra atención.

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cantemos, hermanos, el crepúsculo de la libertad… / o. mandelstam


osip mandelstam

Cantemos, hermanos, el crepúsculo de la libertad,
el gran año crepuscular.
En las hirvientes aguas de la noche
se sumergió el triste bosque de las redes.
Te alzas en los años sordos,
¡oh sol, juez, pueblo!

Cantemos la fatal carga
que con lágrimas el caudillo del pueblo lleva.
Cantemos la carga crepuscular del poder,
su insostenible opresión.
Quien tiene corazón debe oír, oh tiempo,
cómo tu nave naufraga.

Nosotros en legiones militares
juntamos a las golondrinas.
Así, el sol no se ve y todo elemento
trina, se mueve, vive.
A través de la red —crepúsculo espeso—
el sol no se ve y la tierra flota.

Y bien, probemos: un inmenso, torpe
y chirriante golpe de timón.
La tierra flota. ¡Ánimo, hombres!
¡El océano se abrirá bajo el arado!
Y hasta en el frío del Leteo recordaremos
que diez cielos nos costó la tierra.

1918